Pompas del mármol, negra anatomía
que ultrajan los gusanos sepulcrales,
del triunfo de la muerte los glaciales
símbolos congregó. No los temía.
 
Temía la otra sombra, la amorosa,
las comunes venturas de la gente;
no lo cegó el metal resplandeciente
ni el mármol sepulcral sino la rosa.
 
Como del otro lado del espejo
se entregó solitario a su complejo
destino de inventor de pesadillas.
 
Quizá, del otro lado de la muerte,
siga erigiendo solitario y fuerte
espléndidas y atroces maravillas.

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Alfredo Jiménez G.
más de 4 años

No se conocieron sobre la tierra pero "quizá del otro lado de la muerte", en los descansos de sus respectivas labores literarias (que nunca se acaban), por fin han conversado y son grandes amigos, pues tienen mucha afinidad lírica y narrativa.

Edgar Allan Poe nació en una época desafortunada para su genio. En ese tiempo lo más importante era la inspiración y tuvo que construir todo un andamiaje de ideas alrededor de sus cuentos para que la gente lo creyera un "autor inspirado". Sólo Borges, aquel amigo al que nunca conoció y que lo leería en el futuro, se dará cuenta de ese drama.

Los lectores de Poe recreaban su imaginación en la mujeres que concibió en sus cuentos y poemas, porque les parecían muy seductoras con su velo de oscuro pasado y su aura de princesas en oscuros castillos. No fue del todo valorado en su época, era un científico perdido entre románticos.
Merecía lectores menos sentimentales y más analíticos. Con el tiempo los tendría, Borges se contaría entre ellos, que lo descubriría muy joven en la biblioteca de su padre. Precoz como lector y como autor, el joven Poeta argentino sabría con certeza que había tropezado con uno de los más grandes escritores de todos los tiempos.

Imaginemos el escenario y circunstancias de el encuentro entre Poe y Borges, apoyados en el juego ficticio que este último inventó en el prólogo de su libro "El Hacedor". El secreto es el tiempo y las imprecisiones cronológicas, confundamos las fechas. Si pudimos ver a Borges con Lugones en una biblioteca de la calle Rodríguez Peña, bien podemos imaginarlo frente a Edgar Allan Poe, quien luciría "solitario y fuerte". Borges le ofrecería una copia de este soneto que le dedicó y bien podríamos afirmar, con toda justicia que Poe "lo ha aprobado".

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