Montañoso, abrumado, indescifrable,
rojo como la brasa que se apaga,
anda fornido y lento por la vaga
soledad de su páramo incansable.
El armado testuz levanta. En este
antiguo toro de durmiente ira,
veo a los hombres rojos del Oeste
y a los perdidos hombres de Altamira.
Luego pienso que ignora el tiempo humano,
cuyo espejo espectral es la memoria.
El tiempo no lo toca ni la historia
de su decurso, tan variable y vano.
Intemporal, innumerable, cero,
es el postrer bisonte y el primero.

La rosa profunda (1975)

#EscritoresArgentinos La rosa profunda (1975)

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Alfredo Jiménez G.
más de 3 años

La mano anónima que pintó, con particular destreza, hace miles de años a los bisontes de la cueva de Altamira, era de un artista. Suponemos que su pintura tiene algo de ritual, para facilitar la cacería; los bisontes eran fundamentales para la subsistencia. La belleza estilizada de las imágenes creó una escuela estética que después de milenios sigue influenciando a pintores y escultores.

El primer creador de graffitis del que se tiene noticia, no sospechó siquiera la trascendencia y tintes de eternidad que tendrían sus trazos, al grado de merecer un soneto de Jorge Luis Borges, que es un honor muy singular. La precisa pluma del Poeta nos pinta con palabras esa emoción incomparable que sentimos al mirar al bisonte veloz e imponente en su estática y vertiginosa actitud, su instante inmortalizado para representar a todos los bisontes "que serán y los que han sido".

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