Y con los días
el té aprendió a servirse solo,
los laberintos se tornaron callejones,
los desagües me disolvieron en más lluvia.
Me animé a mojarme los pies con la nieve
conmocionada por aquel vacío instantáneo
después del grito,
después del llanto.
Perdiendo el tiempo
colgándome en todas las esquinas,
llenando mis yemas de grafito difuminado,
contemplando cuasireflejos de mis pies en charcos,
pero siempre,
persiguiéndolo.
Y con los días,
veo más lamparitas volverse cálidas,
estallar por los aires,
apagarse.
Será que el tiempo se quedó sin tiempo
para hacernos irradiar unos segundos más.
Así, le digo adiós a los trenes,
a los aviones, a las lamparitas.
Fuiste vos quien me empujó
en un mero afán por seguir brillando,
rasgando mis muslos con tus llaves,
intentando coserme con mi propia sangre,
y otros dolores semejantes.
Hoy, soy como quien riega el mar.
Solo el tiempo mata
la incertidumbre
de no tener más días.

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Juan Ignacio
más de 1 año

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Martín Nieto Juan Ignacio
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