A mis Memorias

Todo era posible.
Formaba parte de su encarnizado odio la idea de profundizar su espanto abriendo su alma, fría petulante, como alguna vez no fue su mirada, que ahora pasea por parque Lezama, esperando aquello que no va a regresar.

Su abuela solía contarle historias entrelazadas, retorcidas, de amores que fueron pero desaparecieron con el tiempo a modo de no haber sido nunca, de sobrevivir entre los relatos de quienes los cuentan.

Remojaba su garganta como a punto de atragantarse entre sus suspiros secos y comenzaba a ladrar una cronología:

A ella le gusta verlo dormir entre los granizado de la noche, como una dulce melodía de acordes. Uno, dos, tres, se cortaban los segundos uno por uno.
Le agradaba verse en sus ojos, como carne que hace eco, el reflejo le respiraba un poco la frente... esa mirada que latía fuerte, apunto de orbitar en Marte, a desdicha color verde, un pálido perfecto.
Le desesperaba fundirse en sus brazos y olvidar como soltar.
Encontrarse reiteradas veces en sus labios, así mismo tocando algún horizonte, de su sonrisa y las puertas de algún cielo, entre sus besos tercos, estrellado por luces túnicas que los alumbran solo a ellos en alguna noche muerta.
Le era adictivo pensar que era lo mas cercano a ese cuento de hadas con el que todas las chicas sueñan, repetido, aburrido con el mismo final rosa chicle mal masticado. Esos que siempre terminan por encantarnos, nos envuelven en su fantasía, queres mas, otra vez escuchar el “Felices para siempre”

Esfinge estremecido de lo que alguna vez paso y seguirá pasando, pausado, en el tiempo entre centenares de minutos, momentos que formaron una sistesis del pasado.
Encarnizado, el universo no es empatico con los enamorados.

En alguna parte de su historia el “infinito” era totalmente humano, totalmente posible,  cuenco carnal e imaginativo que se hacia real a veces y otras solo eran oraciones que se esfumaban entre mentiras que dolían, dolían mucho

Se aprende poco de estas historias,  esa fracción podrida de la vida, esos desaciertos amorosos que encuentran letras entre el llanto. Esa escena en el que el protagonista se convierte en segundo de su propia obra, ahora titula terceros que dominan su vida. Aquella quebradura que sangro a penas quisieron caminar con ella, aquel momento en el que el amor se transformo en distancia y de vez en cuando en odio.

Se manifiesta imposible y no es como los gritos de sus peleas no, es lo que decían sus gestos, es lo que sentían sus cuerpos, es la esperanza de lo que pudo ser, que nos hace tibia la noche.
Los sentimientos tersos cuando se tomaron de la mano esa primera vez, el primer beso, la primera vez que hicieron el amor.
Es una cadena que ahorca a quien lo vea con ojos sumisos, el gradualismo que representa el oficialismo del amor. El intento fallido de la naturaleza, careciente de sintiencia, experimenta con nosotros.
Que hermoso era verla viendo el techo, pensando en la vivencia eufórica y a aquel personaje encantador entrando en su vida sin anticipación, como cuerda agonía, como un maldito, estúpido, inerte, inherente juego de niños, como si no pesaran las noches rotas, estalladas en pedazos de recuerdos que ya no van a volver a vivir, como si fingir amor no fuera ese hemisferio al que nunca quisimos llegar.
Pero que miseria no tenerlo cerca, que miseria no escuchar su voz.

Así, no importaba que tan malo fuera ni que tanto pudiera doler, las luchas silenciosas nunca fueron opcionales, no estuvieron en su plano de posibilidades. Jamás fue monótona la danza como crudos latidos, ni decadentes esos los sentidos alerta al primer tacto de sus manos.

Es duro aprender a amar.

Y ahora es cuando lo posible se hace inalcanzable, pero muy real, como el amor.


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Anthony Godinez Mora
circa 5 anni

Demasiado bueno.

Piaciuto o affrontato da...

Cálamo Azul Ada Pardo Anthony Godinez Mora Ray estoy loco Yesenia Irivas
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