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De cómo Dios disfraza su ternura

Si a mi angustia y pregunta no respondes,
yo sé que soy abeja de tu oído.
Dios silencioso, Dios desconocido,
¿por qué si más te busco, más te escondes?
 
Las olas de los cuándos y los dóndes
manchan de sombra el litoral perdido
en donde clamo... Si no estás dormido
tal vez mi hoguera parpadeante rondes:
 
Lucero en lo alto de mi noche oscura,
o vampiro amoroso que la veta
se bebe lento de mi sangre impura.
 
¡Cómo nutres de luz a tu criatura
en tanto la devoras! ¡Qué secreta,
qué secreta, Señor, es tu ternura!
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