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Gloria fuertes

Gloria Fuertes

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22

En el árbol de mi pecho
hay un pájaro encarnado.
Cuando te veo se asusta,
aletea, lanza saltos.
En el árbol de mi pecho
hay un pájaro encarnado.
Cuando te veo se asusta,
¡eres un espantapájaros!

Mamá cerdita un día se fue
Y no sabemos por qué, por qué,
Grandulón, mediano y pequeñín,
Se quedaron sin casa y sin violín.

Los tres cerditos construyeron
Su propia casa como pudieron,
Pequeñín hizo  casa de paja,
Solo él cabía por ser muy baja.

Mediano hizo casa de madera,
Pues la quería más duradera;
De ladrillo la hizo grandulón,
Para que no entre ningún ladrón.

Apareció allí el pícaro lobo,
Y como no es tonto, ni bobo,
A casa de pequeñín se acercó,
Y de un soplido la derrumbó.
Pequeñín asustado corría,
Y a casa de Mediano acudía,
Y el lobo malo muy enfadado,
La otra casita ha derrumbado.

Los dos cerditos despavoridos
Fueron a casa de Grandulón,
Entran lanzando un gran chillido,
allí encontraron su salvación.

Rápido llega el malvado lobo,
Y alegre dice: me como tres,
Aquí me quedo con casa y todo,
Tendré comida pa` todo el mes.

Los tres cerditos fuego encendieron,
Y pronto el agua les calentó,
El lobo, el techo les fue rompiendo,
Y en  agua hirviendo, pronto cayó.

Los tres cerditos fueron felices
Han aprendido bien la lección,
Comieron panes, muchas perdices,
Viven unidos con mucho amor.

A veces quiero preguntarte cosas,
y me intimidas tú con la mirada,
y retorno al silencio contagiada
del tímido perfume de tus rosas.

A veces quise no soñar contigo,
y cuanto más quería más soñaba,
por tus versos que yo saboreaba,
tú el rico de poemas, yo el mendigo.

Pero yo no adivino lo que invento,
y nunca inventaré lo que adivino
del nombre esclavo de mi pensamiento.

Adivino que no soy tu contento,
que a veces me recuerdas, imagino,
y al írtelo a decir mi voz no siento.

2

Con la bufanda del río
Toledo se abriga del frío.
Con la campana mayor,
se quedó sordo un señor.
Con la tajada del tajo
un perro se vino abajo
y los árabes con destreza
convirtieron el agua en belleza.
Fijaos bien en lo que os digo:
quinientos curas y ochocientos mendigos
forman este pueblo que corte ha sido.
—Comprensión y pesetas a Usía pido,
que yo soy de los guías en mejor “guío”.
Comprensión y pesetas le pido a Usía,
yo soy de los turistas el mejor guía.
—¡Vean la Sinagoga y el Alcázar Real,
disfruten con el entierro del Conde Orgaz!
(En Zocodover hay un autocar,
y en el Tajo una viuda se ha echado a navegar.)
La ciudad está vieja
y no va más,
aún llegan al encanto de su agonizar,
vamos turistas, vamos allá,
¡antes de que caigan la noche y la Catedral!

Escribo sin modelo
a lo que salga,
escribo de memoria
de repente,
escribo sobre mí,
sobre la gente,
como un trágico juego
sin cartas solitario,
barajo los colores
los amores,
las urbanas personas
las violentas palabras
y en vez de echarme al odio
o a la calle,
escribo a lo que salga.

Soy una mosca,
me quiero casar
con un mosquito
que sepa volar.

—Soy un mosquito,
me quiero casar
con una mosca
que sepa bailar.

—Soy una mosca
que sabe bailar,
y el violín también sé tocar.

—Ti—ri—ri—rí,

ti—ri—ri—rá;
con mis patitas
yo llevo el compás.

—Soy un mosquito,

ti—ti—ri—rí;
a nadie pico,
y vivo feliz.

El amor te convierte en rosal
y en el pecho te nace
esa espina robusta como un clavo
donde el demonio cuelga su uniforme.
Al tocar lo que amas te quemas los dedos,
y sigues, sigues, sigues hasta abrasarte todo;
después,
ya en pie de nuevo,
tu cuerpo es otra cosa,
…es la estatua de un héroe muerto en algo,
al que no se le ven las cicatrices.

Yo como
Tú comes
El come
Nosotros comemos
Vosotros coméis
¡Ellos no!

Que estás en la tierra, Padre nuestro,
Que te siento en la púa del pino,
En el torso azul del obrero,
En la niña que borda curvada
La espalda, mezclando el hilo en el dedo.
Padre nuestro que estás en la tierra,
En el surco,
En el huerto,

En la mina,
En el puerto,
En el cine,
En el vino,
En la casa del médico.
Padre nuestro que estás en la tierra,
Donde tienes tu gloria y tu infierno
Y tu limbo; que estás en los cafés
Donde los pudientes beben su refresco.
Padre nuestro que estás en la tierra,
En un banco del Prado leyendo.
Eres ese viejo que da migas de pan a los pájaros del paseo.

Padre nuestro que estás en la tierra,
En la cigarra, en el beso,
En la espiga, en el pecho
De todos los que son buenos.

Padre que habitas en cualquier sitio,
Dios que penetras en cualquier hueco,
Tú que quitas la angustia, que estás en la tierra,
Padre nuestro que sí que te vemos
Los que luego hemos de ver,
Donde sea, o ahí en el cielo.

1

Soy alta;
en la guerra
llegué a pesar cuarenta kilos.
He estado al borde de la tuberculosis,
al borde de la cárcel,
al borde de la amistad,
al borde del arte,
al borde del suicidio,
al borde de la misericordia,
al borde de la envidia,
al borde de la fama,
al borde del amor,
al borde de la playa,
y, poco a poco, me fue dando sueño,
y aquí estoy durmiendo al borde,
al borde de despertar.

1

Don Pato y don Pito
dan un paseíto.
—¡Qué suerte, don Pito,
me encontré este güito!
Y los dos le quiere
y los dos se hieren.
Y todos se extrañan
de ver que regañan.
Y mientras se zumban,
bailando la rumba…
Viene el dueño, otro patito,
y éste se lleva su güito.
¡No discutid, muchachitos,
no discutid por un güito,
para que nunca os suceda,
lo que a don Pato y don Pito!

Cuando se quiere a una persona,
te duele que le duela,
te cansa que se canse,
te agota que se agote,
te entristece que se entristezca,
te engaña que se engañe.

Yo quiero que te quieras,
que te lleves bien contigo,
que no te consientas,
que no te consientas
volver a decir:
—¡Qué asco de vida!