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Poetaa

Luis Alberto Nina

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Luis Alberto Nina

No me importa que andes regando tu hechizo entre la atención de cualquiera. Porque sé que ninguno lo llegará a distinguir. Ellos se enfocarán sólo en tu piel, en tus ojotes, tus labios gruesos y mojados y misteriosos y bullosos… Se hipnotizarán con tus piernotas, con el canto de tu cintura y las formas… Sin embargo, nunca llegarán a mirar al más allá; se quedarán en la superficie de tus manantiales. Huirán a tu cuerpo, a ese pegote de densidad y óseo y glándulas… Y se saciarán en par de estrofas… y la esencia de tu hechizo a nadie aprisionará... porque sólo los duendes entienden lo que está “detrás de ti, delante de ti”; sólo ellos saben lo que es posiblemente quedarse… Se los dijo un duende en especial, “Tu Duende”. Les hizo valer por una mentira que no te alcanza…

Porque para sentirte de verdad, para ganarse las vidas de tus ganas, para quedar hechizado por tu magia, por tu esencia, se tiene uno primero que aventurar, aventurarse a versarte. Y no todos pueden estrellarse en la locura, no todos son verdes; y no todos aguantan la osadía, no todos pueden escucharte... Hay que pretender el recorrido…

Quien te vea sin arriesgarse, se perderá en el brillo, ¡porque sí que tienes brillo! Y nunca llegará a conocer que detrás de tanta luz se oculta el acertijo a las penumbras del deseo, de tus mismos y osados deseos: sexo, calma, opción y misterio… más brillo, sonrisas y pasado. Detrás de tu masa y contiguo a tus huesos navega cada uno de tus silencios. Se encuentra lo fuerte, tu rareza: atrevida, crítica, solución y sorpresas… Más brillos, miradas y futuro… Y hay que versarte, para poder hechizarse. Sólo tu Duende es capaz, Mi Maga, “el dueño de tu castillo”. Y todo lo otro: la selva.

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Luis Alberto Nina

Espero que te guste que me guste todo eso de ti; que ese carnaval de luces extremas y carentes de mis deseos y de la mancha de mis labios, no sea de la pared que atrase la lujuria... Sabes, no sólo no se aguanta mi piel el versarte allí, sino que se me ocurren unas cosas de raras de todo contigo y esa boca… y esos gestos… y tantas cosas malditas y perplejas y de lo raudo... El sitio del que te canto, vive entre la parte izquierda de tu rostro, entre las comillas que generan tus buches cuando sonríes, inferior a la punta de tus lentes, a la izquierda de tu nariz y los deseos.

Ese es y será nuestro escondite predilecto, cuando culmine “La espera” y nuevamente arranque contigo. Y no te prometo silencio, rutina o lo que más adora de mí, control. Solo drama entre libretos creados todos para una sola ocasión: el encuentro en público, el sonreír de tu voz, nuevamente, dejándolo todo mojado...

El lugar yace:
Entre tu boca y tu aliento y la punta de tus labios, queriendo destaparlo todo… un poco más arriba, debajo de un cachete, cerquita de tu nariz; donde se aguarda el erotismo de un lunar silencioso y agobiante.... En ese mismo sitio, navega la ilusión de un amante alocado y vulnerable, yace un mortal que se hace héroe... Ese pedacito de estancia y maniobras y sudores libidinoso es la apertura más extraordinaria de tu rostro, quizás hasta de todo tu cuerpo, excluyendo el calibre de tus piernas astutas y sensibles… Es lo que más me gusta de ti, ese salto…

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