Una noche de verano
—estaba abierto el balcón
y la puerta de mi casa—
la muerte en mi casa entró.
Se fue acercando a su lecho
—ni siquiera me miró—,
con unos dedos muy finos,
algo muy tenue rompió.
Silenciosa y sin mirarme,
la muerte otra vez pasó
delante de mí. ¿Qué has hecho?
La muerte no respondió.
Mi niña quedó tranquila,
dolido mi corazón,
¡Ay, lo que la muerte ha roto
era un hilo entre los dos!

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Isaac Freire
6 months

Es cierto que la muerte nos inquieta y nos pesa
y estamos en letargo inminente luego
de cualquier partida,
es por ello necesario describirla
hacerla nuestra invitada
para que el día que llegue
se vaya como cuándo entró:
de nuestra mano

Aquí un poema en honor a
una perdida cercana.

Avísame cuando ya no estés
Despiértame allá, afuera, en la puerta
Grítame cuando ya te vayas.

Empuja ese silencio incómodo que nos tiene vivos y
sácanos de ese letargo en que la vida se nos ha convertido.

Porque no hay sueño más profundo que el ya no tenerte.
Porque se ha ido con nuestras flores.
Porque ha forjado nuestros recuerdos y se ha
marchitado en nuestro jardín.

Porque en vela hemos ido...
Balo el granizo estuvimos presentes...
Porque ya no somos los mismos...
y la memoria ya no está presente.

...

Porque agua salada hay nuestras pupilas.
y tu ya no estás presente

Alfredo Jiménez G.
over 2 years

Le hemos puesto rostro y cuerpo a la muerte para hablar de ella e incluso dialogar con su ser misterioso. Tal es el influjo que nos produce su certeza y cercanía. Ha sido desde un ángel armado de precisa espada, hasta una elegante y simpática catrina bellamente ataviada con florido traje. Le hemos atribuido muchas personalidades, macabras o alegres, pero hay una constante: Es muy diligente con su trabajo, además de imparcial.

En este bello poema, Antonio Machado nos refiere la forma silenciosa y desapasionada en que entró a su hogar, lo miró sin expresión (no era su hora) y se lleva a su amada con un corte del hilo fino de la vida que los unía como un único ser. El Poeta queda desolado, vierte su dolor acaso con el natural llanto y en palabras inolvidables que describen la profundidad de su sentimiento.

En otro bello poema le habla a Dios con el "clamor de su corazón" y concluye con estas palabras claras: "Tu voluntad se hizo Señor contra la mía./ Señor ya estamos solos mi corazón y el mar."

Alfredo Jiménez G.
about 3 years

Desapasionada como siempre, cumpliendo puntual con su temible labor, la muerte entró al hogar de Antonio Machado y ante sus ojos desconcertados, sin piedad, cortó el delicado hilo que unía el corazón de su amada Leonor con el sensible pecho del Poeta, único vínculo de ella con la vida.

Toda resistencia humana era inútil ante los designios inescrutables de Quien gobierna el destino. La muerte es sólo una emisaria, "segadora esforzada", la llamaría León Felipe. Es enviada a cortar con precisión la mies de la existencia.

Nadie puede resignarse ante la Ley ineludible de la partida y menos cuando es el ser amado quien se va de las manos como se fuga el agua de entre los dedos. Cada cual reacciona ante ese dolor insoportable según su carácter. Machado reaccionó escribiendo estos versos conmovedores.

El poema es totalmente autobiográfico y tiene esta posdata en otras estrofas que escribiría más tarde, donde expresa con humildad genuina su enorme calidad humana ante su más dolorosa pérdida: "Señor, ya te llevaste lo que yo más quería/ ¡Oye otra vez mi corazón clamar!/ Tu voluntad se hizo, Señor, contra la mía/ ¡Señor, ya estamos solos mi corazón y el mar!"

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