Solo por valor vuelve,
al lugar del final y del origen;
 
No al Edén terrenal,
sino al paraíso definitivo.
 
Allí  donde nadie hará daño a nadie,
porque son puras sus mentes y
sus intenciones, mientras contemplan
sus valles
 
donde son sagrados todos sus afluentes,
cada átomo de tierra y hasta el aire
que respiran sus pulmones.
 
Vuelve aunque solo sea con la imaginación
a esa patria primordial donde ningún ser
debe sufrir para abastecer la supervivencia de otro,
 
pues todos son saciados por el alimento que
proviene de la ciencia del Señor.
 
Esa es parte esencial del salmo.
El deseo del Uno.
La voluntad inquebrantable de que por siempre
cese el dolor de todos los seres.
 
La palabra que emanó del corazón del profeta,
inundado por el espíritu del Dios
que todo lo puede.

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