Estrella de la mañana,
faro entre las impetuosas olas de mis instintos,
fugaz resplandor que enciende, el deseo de volar, más allá de
la oscuridad del sueño, intentando quizá, recrear, en algún lugar de la mente,
la débil luminosidad y las sombras de auroras boreales que viran hacia el Norte,
en el silencio de las constelaciones.
Desde la orilla hacia el mar sin fin,
esas campanadas lejanas parecen anunciar mi muerte,
campanadas que se apagan lentamente.
 
Dime, estrella solitaria, que no sean como el  latir de mi existencia,
de la vida de esta criatura, que aún no siendo amada morirá siendo amante.
 
Astro del amanecer, no olvides mis plegarias a la Regina Maris, ella que brilla
y gobierna sobre todos los mortales, pido sin tregua despertar algún día
junto a otro ser que me corresponda, que me ame, y después,
vivir o morir ya no será importante;
 
Sino solo soñar junto a él, soñar a su lado, como si eternidad
fuese la paz de un solo instante.

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