No sea, la fuente nocturna,
frío pálido, mármol de tumba.
 
No sea el hayedo, oculto pasaje,
mensajero de incógnitas ocultas.
 
No sea esta noche, esa que te
traiga una y otra vez mi ausencia.
 
El gemido es un presagio de esa punzada,
espada sin piedad que roza mi cabeza.
 
Se detiene un instante el interludio neuronal
y mi respiración nota el pálpito
donde la sangre pasa a través de la lesión.
 
¿Llego tal vez la hora de morir?
¿Por qué en esta hermosa juventud?
 
Incluso el rielar del lucero
se ha detenido en el cristal.
 
Quizás no hay razones
para buscar la razón;
 
Solo el destino sabe como y cuando
su viento me recorrió,
y mis ropas destrozo un huracán
sin compasión.
 
Exhausta y perdida, como la
reverberación de los rumores
en esta habitación,
caigo al suelo sin cerrar los ojos,
y mi consciencia se eclipsa en la
oscuridad interior.
 
Suspendida de la vida unos minutos
para volver lentamente después
en recuerdos de mi misma,
a este silencio puro, envuelto en un eco
ensoñador.
 
El astro, a través de la ventana
brilla débil en la penumbra del salón.
 
Todo sigue igual a mi alrededor.

  • 0
  • 1
  •  
  •  
Login per commentare...

Piaciuto o affrontato da...

Ada Pardo
Email

Altre opere di Marian Vanderlest...

Alcuni poeti seguiti da Marian Vanderlest...

Carlos Godfrey