Despierta o dormida, el alma sensible unida a la energía de su creador, domina unos niveles de intuición que le son desconocidos en su estado habitual.  Imaginar, elucubrar, volver al pasado, fluir en el futuro o regresar al presente, ese instante que no existe, convirtiéndose  en pasado a medida que va viviéndose.
Intentamos capturarlo, ralentizando su huida en la meditación de las horas;
Horas nacientes como soles o ponientes como tardes que van distendiendo sus minutos hasta extinguirse.
Todo pasa si, pero a la vez todo es inalterable.
La vida es cambio, no permanencia, pero el proceso de trasfondo, la energía que mueve el Universo es espíritu, es permanente, su proceso es eterno, y como hijos de ese poder, nuestro ser espiritual,
nunca muere.


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LAD
plus de 5 ans

Hermoso, gracias por escribirlo

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