Te vi de pie, desnuda y orgullosa
y bebiendo en tus labios el aliento,
quise turbar con infantil intento
tu inexorable majestad de diosa.
 
Me prosternó a tus plantas el desvío
y entre tus piernas de marmórea piedra,
entretejí con besos una hiedra
que fue subiendo al capitel sombrío.
 
Suspiró tu mutismo brevemente,
cuando en la sed del vértigo ascendente
precipité el final de mi delirio;
 
y del placer al huracán tremendo,
se doblegó tu cuerpo como un lirio
y sucumbió tu majestad gimiendo.

(1921)

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Ada Zoe
más de 1 año

Ampliando el comentario de nuestro poeta Alexander, vale destacar que Rubén Martínez Villena, comenzó a escribir sus primeros versos a la edad de 11 años, llegando a tener una obra poética destacada en la literatura cubana en los principios del siglo XX.

Tuvo una participación importantísima en la actividad política, representando a los intelectuales de la época con ideas progresistas que lucharon contra la dictadura de Gerardo Machado.

Todo esto lo hizo renunciar a la poesía para dedicarse por completo a su labor política. Tuvo que pasar al exilio donde se le diagnostica una tuberculosis que no sanará.

Enfermo dirigió la huelga general que derrocó al gobierno de Machado.

Ingresa en un sanatorio y muere el 16/01/1934 a la temprana edad de 35 años dejando una herencia literaria y política para todos los tiempos.

Alfredo Jiménez G.
más de 1 año

Ante sus ojos extasiados se yergue imponente la sinuosa fortaleza de esa mujer desnuda. Es como un palacio de puertas cerradas, vedado para él.

Intruso de infantiles y vacilantes intentos, nos pareciera derrotado al inicio del segundo cuarteto, cuando se arroja a los pies de su adversaria. ¿Implorará por lo que no pudo obtener en la primer batalla, el beso fallido, y se despojará de toda dignidad?

Ni rendición ni ruegos. Ha iniciado la sorpresiva invación, encontró el punto vulnerable, pero su ataque comienza desde los cimientos de la estructura y poco a poco va ascendiendo. Sin prisas pero con valerosa determinación, como una hiedra.

Llega por fin al pórtico prohibido, que cede sin violencia a quien tan hábilmente ha sabido ganarlo. Y el guerrero toma cuanto le pertenece por derecho...

Bello y delicado soneto de Rubén Martínez Villena.

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