No quiero
que los besos se paguen
ni la sangre se venda
ni se compre la brisa
ni se alquile el aliento.
No quiero
que el trigo se queme y el pan se escatime.
 
No quiero
que haya frío en las casas,
que haya miedo en las calles,
que haya rabia en los ojos.
 
No quiero
que en los labios se encierren mentiras,
que en las arcas se encierren millones,
que en la cárcel se encierre a los buenos.
 
No quiero
que el labriego trabaje sin agua
que el marino navegue sin brújula,
que en la fábrica no haya azucenas,
que en la mina no vean la aurora,
que en la escuela no ría el maestro.
 
No quiero
que las madres no tengan perfumes,
que las mozas no tengan amores,
que los padres no tengan tabaco,
que a los niños les pongan los Reyes
camisetas de punto y cuadernos.
 
No quiero
que la tierra se parta en porciones,
que en el mar se establezcan dominios,
que en el aire se agiten banderas
que en los trajes se pongan señales.
 
No quiero
que mi hijo desfile,
que los hijos de madre desfilen
con fusil y con muerte en el hombro;
que jamás se disparen fusiles
que jamás se fabriquen fusiles.
 
No quiero
que me manden Fulano y Mengano,
que me fisgue el vecino de enfrente,
que me pongan carteles y sellos
que decreten lo que es poesía.
 
No quiero amar en secreto,
llorar en secreto
cantar en secreto.
 
No quiero
que me tapen la boca
cuando digo NO QUIERO...

  • 1
  • 2
  •  
  •  
Entrar para comentar...
Alfredo Jiménez G.
más de 2 años

Es tan difícil realizar ennumeraciones eficaces en el reino misterioso de la Poesía, pocos lo hacen con excelencia. Uno de ellos (lo hemos constatado varias veces), es Jorge Luis Borges. Otro gran ejemplo es la Poeta Ángela Figuera que en este conmovedor poema, con sencillez, logra una relación completa de cuanto no quiere para el mundo.

Cada verso es una revelación y guarda en su contundente enunciación todo un mensaje de justicia. Engarzado con gracia, su constante efluvio de "no quieros", adquieren una fuerza extraordinaria en la lectura a voz alta.

Despierta consciencias amodorradas en la comodidad de la indolencia. Resulta incómodo para algunos grupos privilegiados pródigos en mezquindad, explotación y muerte.

Es un poema desafiante, sin eufemismos. Denuncia injusticias, reivindica dignidades, condena la censura.

No queremos que tan valiosa obra se archive donde la amnesia traspapela documentos. Que se comparta en redes sociales, que se pase de mano en mano y se imprima por miles para pegarlo en las paredes de la barriada y en las "zonas exclusivas" donde habitan los "mirreyes" que empiezan a ser plaga.

P.S. Gracias por ese verso especial: "(No quiero) que los padres no tengan tabaco".

Preferido o celebrado por...

Alfredo Jiménez G. Doris Melo
Email

Otras obras de Ángela Figuera Aymerich...