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Hoy como ayer, mañana como hoy,
       ¡y siempre igual!
Un cielo gris, un horizonte eterno
       y andar... andar.
 
Moviéndose a compás, como una estúpida
       máquina, el corazón.
La torpe inteligencia del cerebro,
       dormida en un rincón.
 
El alma, que ambiciona un paraíso,
       buscándole sin fe,
fatiga sin objeto, ola que rueda
       ignorando por qué.
 
Voz que, incesante, con el mismo tono,
       canta el mismo cantar,
gota de agua monótona que cae
       y cae, sin cesar.
 
Así van deslizándose los días,
       unos de otros en pos;
hoy lo mismo que ayer...; y todos ellos,
       sin gozo ni dolor.
 
¡Ay, a veces me acuerdo suspirando
       del antiguo sufrir!
Amargo es el dolor, ¡pero siquiera
       padecer es vivir!

(1868)

Refleja gran tristeza, hastío y un mirar hacia atrás donde solo sobreviven los recuerdos, poniendo de manifiesto la monotonía y gran rutina que compone la vida.

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