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Amado nervo

Amado Nervo

VI. Resurrección

Yo soy tan poca cosa, que ni un dolor merezco...
Mas tú, Padre, me hiciste merced de un gran dolor.
Ha un año que lo sufro, y un año ya que crezco
por él en estatura espiritual, Señor.

¡Oh Dios, no me lo quites! Él es la sola puerta
de luz que yo vislumbro para llegar a Ti.
Él es la sola vida que vive ya mi muerta:
mi llanto, diariamente, la resucita en mí.

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Received 979184332198473
A principios de 1912 y presa de un gran dolor, el Poeta Amado Nervo tomó el revólver que guardaba en un cajón de su escritorio y dirigió el cañón hacia su pecho. Estaba en la soledad de su despacho, en París. Dudó un momento antes de jalar el gatillo. Sus ideas religiosas le dejaban muy claro que la muerte por su propia mano llevaría a su espíritu atormentado a un lugar muy lejano y triste, donde le resultaría imposible salir para ir en busca del alma de su amada Ana Cecilia Luisa Dailliez quien había muerto dos meses antes víctima de una fiebre tifoidea. Guardó el arma pero la tuvo siempre a la mano. Para ayudarse a mitigar un poco el gran dolor y la soledad, en febrero de ese mismo año comenzó a escribir un libro; no nos queda muy claro si pensaba publicarlo, en el extenso prólogo le habla a un hipotético lector del futuro, que acaso ya sabría la fecha en que le fue concedido el consuelo de una muerte natural, para poder ir en busca de Ana Cecilia en el Reino de la Eternidad. Sin embargo nunca mostró prisa en llevarlo a la imprenta; a lo largo de los siguientes seis años publicó algunas obras y su poemario secreto fue creciendo con el tiempo. El libro al que nos referimos es "La amada inmóvil" y a ese volumen pertenece este poema, titulado "VI. Resurrección", el número romano que lo antecede, se refiere al orden en que dispuso los poemas para el antepenúltimo capítulo, siempre cronológico. "Resurrección" está fechado el 26 de diciembre de 1912, diez meses después de comenzar su obra y a un año de la muerte de su amada. Notamos su total humildad ante Dios, confiesa no sentirse digno ni de un dolor. Pero en la inmensa pena que se ve obligado a sufrir, ve una penitencia que lo purifica para un reencuentro definitivo. Y por el mismo dolor siente que Ana Cecilia resucita día a día en su corazón. Amado Nervo murió en 1919, casi ocho años después del la partida de su Amada Inmóvil "llena de gracia como el Ave María." ¡Cuánto le hubiera gustado al Poeta saber con antelación, por lo menos el año en que le sería concedido partir en busca de la mujer que tanto amó en vida! Su libro se publicó de manera póstuma dos años después y sólo hasta entonces el mundo tuvo noticia de Ana Cecilia.