El apellido

El apellido

por Nicolás Guillén

I

Desde la escuela
Y aún antes… Desde el alba, cuando apenas
Era una brizna yo de sueño y llanto,
Desde entonces,
Me dijeron mi nombre. Un santo y seña
Para poder hablar con las estrellas.
Tú te llamas, te llamarás…
Y luego me entregaron
Esto que veis escrito en mi tarjeta,
Esto que pongo al pie de mis poemas:
Las trece letras
Que llevo a cuestas por la calle,
Que siempre van conmigo a todas partes.
¿Es mi nombre, estáis ciertos?
¿Tenéis todas mis señas?
¿Ya conocéis mi sangre navegable,
Mi geografía llena de oscuros montes,
De hondos y amargos valles
Que no están en los mapas?
¿Acaso visitasteis mis abismos,
Mis galerías subterráneas
Con grandes piedras húmedas,
Islas sobresaliendo en negras charcas
Y donde un puro chorro
Siento de antiguas aguas
Caer desde mi alto corazón
Con fresco y hondo estrépito
En un lugar lleno de ardientes árboles,
Monos equilibristas,
Loros legisladores y culebras?
¿Toda mi piel (debí decir),
Toda mi piel viene de aquella estatua
De mármol español? ¿También mi voz de espanto,
El duro grito de mi garganta? ¿Vienen de allá
Todos mis huesos? ¿Mis raíces y las raíces
De mis raíces y además
Estas ramas oscuras movidas por los sueños
Y estas flores abiertas en mi frente
Y esta savia que amarga mi corteza?
¿Estáis seguros?
¿No hay nada más que eso que habéis escrito,
Que eso que habéis sellado
Con un sello de cólera?
(¡Oh, debí haber preguntado!)

Y bien, ahora os pregunto:
¿No veis estos tambores en mis ojos?
¿No veis estos tambores tensos y golpeados
Con dos lágrimas secas?
¿No tengo acaso
Un abuelo nocturno
Con una gran marca negra
(Más negra todavía que la piel),
Una gran marca hecha de un latigazo?
¿No tengo pues
Un abuelo mandinga, congo, dahomeyano?
¿Cómo se llama? ¡Oh, sí, decidmelo!
¿Andrés? ¿Francisco? ¿Amable?
¿Cómo decís Andrés en Congo?
¿Cómo habéis dicho siempre
Francisco en dahomeyano?
En mandiga ¿cómo se dice Amable?
¿O no? ¿Eran, pues, otros nombres?
¡El apellido, entonces?
¿Sabéis mi otro apellido, el que me viene
De aquella tierra enorme, el apellido
Sangriento y capturado, que pasó sobre el mar
Entre cadenas, que pasó entre cadenas sobre el mar?
¡Ah, no podéis recordarlo!
Lo habéis disuelto en tinta inmemorial.
Lo habéis robado a un pobre negro indefenso.
Lo escondisteis, creyendo
Que iba a bajar los ojos yo de la vergüenza.
¡Gracias!
¡Os lo agradezco!
¡Gentiles gentes, thank you!
Merci!
Merci bien!
Merci beaucoup!
Pero no… ¿Podéis creerlo? No.
Yo estoy limpio.
Brilla mi voz como un metal recién pulido.
Mirad mi escudo: tiene un baobab,
Tiene un rinoceronte y una lanza.
Yo soy también el nieto,
Biznieto,
Tataranieto de un esclavo.
(Que se avergüence el amo)
¿Seré Yelofe?
¿Nicolás Yelofe, acaso?
¿O Nicolás Bakongo?
¿Tal vez Guillén Banguila?
¿O Kumbá?
¿Quizá Guillén Kumbá?
¿O kongué?
¿Pudiera ser Guillén Kongué?
¡Oh, quién lo sabe!
¡Qué enigma entre las aguas!

II

Siento la noche inmensa gravitar
Sobre profundas bestias,
Sobre inocentes almas castigadas;
Pero también sobre voces en punta,
Que despojan al cielo de sus soles,
Los más duros,
Para condecorar la sangre combatiente.
De algún país ardiente, perforado
Por la gran flecha ecuatorial,
Sé que vendrán lejanos primos,
Remota angustia mía disparada en el viento;
Sé que vendrán pedazos de mis venas,
Sangre remota mía,
Con duro pie aplastando las hierbas asustadas;
Sé que vendrán hombres de vidas verdes,
Remota selva mía,
Con su dolor abierto en cruz y el pecho en llamas.
Sin conocernos nos reconoceremos en el hambre,
En la tuberculosis y en la sífilis,
En el sudor comprado en bolsa negra,
En los fragmentos de cadenas
Adheridos todavía a la piel;
Sin conocernos nos reconoceremos
En los ojos cargados de sueños
Y hasta en los insultos como piedras
Que nos escupen cada día
Los cuadrumanos de la tinta y el papel.
¿Qué ha de importar entonces
(¡Qué ha de importar ahora!)
¡Ay! mi pequeño nombre
De trece letras blancas?
¡Ni el mandinga, bantú,
Yoruba, dahomeyano
Nombre del triste abuelo ahogado
En tinta de notario?
¿Qué importa, amigos puros?
¡Oh, sí, puros amigos,
Venid a ver mi nombre!
Mi nombre interminable,
Hecho de interminables nombres;
El nombre mío, ajeno,
Libre y mío, ajeno y vuestro,
Ajeno y libre como el aire.

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¿Po qué te pone tan brabo,
cuando te dicen negro bembón,
si tiene la boca santa,

¡De que callada manera
se me adentra usted sonriendo,
como si fuera

Desde la escuela
Y aún antes… Desde el alba, cuando apenas
Era una brizna yo de sueño y llanto,

Para hacer esta muralla,
tráiganme todas las manos:
los negros, sus manos negras,

Ya yo me enteré, mulata,
mulata, ya sé que dise
que yo tengo la narise

No sé por qué piensas tú,
soldado, que te odio yo,
si somos la misma cosa

La sangre es un mar inmenso
que baña todas las playas...
Sobre sangre van los hombres,

La flauta gemía
su melancolía.
La flauta decía:

¿Lejos?
Hay un arco tendido
que hace viajar la flecha

Soneto 1974 Youtube

Cerca de ti, ¿por qué tan lejos verte?
¿Por qué noche decir, si es mediodía?
Si arde mi piel, ¿por qué la tuya es fría?

Esta mujer angélica de ojos septentrionales,
que vive atenta al ritmo de su sangre europea,
ignora que en lo hondo de ese ritmo golpea

En los dientes, la mañana,
y la noche en el pellejo.
¿Quién será, quién no será?

Me matan si no trabajo,
y si trabajo me matan.
Siempre me matan, me matan, ay,

Iba yo por un camino cuando con la muerte di.
-¡Amigo! -gritó la muerte,
pero no le respondí,

La noche morada sueña
sobre el mar;
la voz de los pescadores

Al final del largo viaje,
Ho Chi Minh suave y despierto:
sobre el albura del traje

El negro
junto al cañaveral.
El yanqui

Haz que tu vida sea
campana que repique
o surco en que florezca y fructifique

Cuando yo vine a este mundo,
nadie me estaba esperando;
así mi dolor profundo

¡Yambambó, yambambé!
Repica el congo solongo,
repica el negro bien negro;

Ayé me dijeron negro
pa que me fajara yo:
pero e que me lo desía

Tendida en la madrugada,
la firme guitarra espera:
voz de profunda madera

Te vi al pasar, una tarde,
ébano, y te saludé;
duro entre todos los troncos,

No me dan pena los burgueses vencidos.
Y cuando pienso que van a darme pena,
aprieto bien los dientes, y cierro bien los ojos.

¡Ay que linda mi bandera ,
mi banderita cubana,
sin que la manden de afuera,

Yo no voy a decirte que soy un hombre puro.
Entre otras cosas
falta saber si es que lo puro existe.

Yo soy borracho. Me seduce el vino
luminoso y azul de la Quimera
que pone una explosión de Primavera

¿Cuándo fue?
No lo sé.
Agua del recuerdo

Monsieur Dupont te llama inculto,
porque ignoras cuál era el nieto
preferido de Víctor Hugo.

No sé si me olvidarás,
ni si es amor este miedo;
yo sólo sé que te vas,

Camina, caminante,
sigue;
camina y no te pares,

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