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Joaquín Sabina

El boulevard de los sueños rotos

En el bulevar de los sueños rotos
vive una dama de poncho rojo,
pelo de plata y carne morena.
Mestiza ardiente de lengua libre,
gata valiente de piel de tigre
con voz de rayo de luna llena.

Por el bulevar de los sueños rotos
pasan de largo los terremotos
y hay un tequila por cada duda.
Cuando Agustín se sienta al piano
Diego Rivera, lápiz en mano,
dibuja a Frida Kahlo desnuda.

Se escapó de una cárcel de amor,
de un delirio de alcohol,
de mil noches en vela.
Se dejó el corazón en Madrid
¡quien supiera reír
como llora Chavela!

Por el bulevar de los sueños rotos
desconsolados van los devotos
de San Antonio pidiendo besos.
Ponme la mano aquí Macorina
rezan tus fieles por las cantinas,
paloma negra de los excesos.

Por el bulevar de los sueños rotos
moja una lágrima antiguas fotos
y una canción se burla del miedo.
Las amarguras no son amargas
cuando las canta Chavela Vargas
y las escribe un tal José Alfredo.

Se escapó de una cárcel de amor,
de un delirio de alcohol,
de mil noches en vela.
Se dejó el corazón en Madrid
¡quien supiera reír
como llora Chavela!

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Received 979184332198473
Era el momento del adiós, el hecho de que el ritual de la despedida fuera en paz y con mutua resignación, no le restaba ni un gramo de amargura. El trato era tomarse "cuatro copas", pero ella se bebió "toda la botella conmigo"... "y en el último trago" nos regalamos un beso y un hasta pronto con tono de nunca más. Salimos de la taberna por la misma puerta pero tomamos direcciones opuestas.

Caminé por el "Boulevard de los sueños rotos" y ahí lo encontré, "lápiz en mano", con su abultada e imponente anatomía; siempre pensé que era un mito, pero los mitos no sacan la lengua a quienes los miran con curiosidad. Murmuré al oído a la dama del poncho rojo "Es Diego de Romero ¿Verdad?" Y ella me dijo indignada "¡No! ¿Qué no ves que Diego de Romero no existe?" Tuve la sensación de haber vivido ese diálogo antes. Me sentí como "La Guayaba", Chavela desde luego era "La Tostada". El Flaco de Oro y Frida, mientras tanto, concentrados en sus actividades , apenas me miraron.

Me tomé un tequila con Chavela mientras cantamos a dueto "Aquel amor que marchitó mi vidaaa". Me consta que es más llevadera una pena con el agüita de agave y la voz de esa morena de pelo de plata.

Terminada la copa y la canción ella me preguntó con voz intimidante: "¿Qué más quieres?... ¿Quieres más?" Decliné el ofrecimiento, me despedí lo más cortés que pude. Trastabillando hacia la "calle Melancolía", me dirigí a mi cuartucho tan abandonado como yo. Todavía pervivía el efecto del encanto, escuchando a Sabina "me dieron las diez y las once, la una y las dos y las tres"... Mañana despertaría en mi resaca de realidad...

Poco más o menos así fueron las cosas.
3 months ago
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