Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis:
 
si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
¿por qué queréis que obren bien
si la incitáis al mal?
 
Cambatís su resistencia
y luego, con gravedad,
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia.
 
Parecer quiere el denuedo
de vuestro parecer loco
el niño que pone el coco
y luego le tiene miedo.
 
Queréis, con presunción necia,
hallar a la que buscáis,
para pretendida, Thais,
y en la posesión, Lucrecia.
 
¿Qué humor puede ser más raro
que el que, falto de consejo,
él mismo empaña el espejo,
y siente que no esté claro?
 
Con el favor y desdén
tenéis condición igual,
quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si os quieren bien.
 
Siempre tan necios andáis
que, con desigual nivel,
a una culpáis por crüel
y a otra por fácil culpáis.
 
¿Pues como ha de estar templada
la que vuestro amor pretende,
si la que es ingrata, ofende,
y la que es fácil, enfada?
 
Mas, entre el enfado y pena
que vuestro gusto refiere,
bien haya la que no os quiere
y quejaos en hora buena.
 
Dan vuestras amantes penas
a sus libertades alas,
y después de hacerlas malas
las queréis hallar muy buenas.
 
¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada:
la que cae de rogada,
o el que ruega de caído?
 
¿O cuál es más de culpar,
aunque cualquiera mal haga:
la que peca por la paga,
o el que paga por pecar?
 
Pues ¿para qué os espantáis
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
o hacedlas cual las buscáis.
 
Dejad de solicitar,
y después, con más razón,
acusaréis la afición
de la que os fuere a rogar.
 
Bien con muchas armas fundo
que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesa e instancia
juntáis diablo, carne y mundo.

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Alfredo Jiménez G.
almost 4 years

Inteligente, aguda y valerosa la Poeta (no "poetisa") Sor Juana Inés de la Cruz, escribe en estas impecables "Redondillas" un documento que en pleno siglo XVII, causa escándalo y empieza despertar conciencias.

Más insólito nos parece el manifiesto, al venir de la pluma de una monja de la Orden de San Jerónimo, que entre sus estrictos votos estaba el de obediencia y el de clausura definitiva en el convento de Santa Paula. Una vez ingresada a la orden, Sor Juana nunca volvió a mirar el mundo exterior. Pero tenía en su celda la mejor ventana para asomarse: Su impresionante biblioteca.

Desde niña, Juana de Asbaje y Ramírez de Santillana tuvo una enorme sed de saber, le propuso a su madre y a su abuelo vestirse de hombre sólo para poder estudiar, se negaron, y no le quedó más remedio que ser autodidacta. Con los años se dio cuenta que sólo tenía dos opciones y ambas adversas para su vocación intelectual: "La tiranía del matrimonio o la tiranía del convento" (definidas así por Octavio Paz). Optó por la que parecía más indulgente y tomó los votos. Si se hubiera casado, le hubiera resultado imposible escribir, en la Nueva España no existía un posible marido que "se lo permitiera".

La alternativa de la clausura le fue amable por un tiempo, pero sus obras de teatro y sus poemas eran analizados con detenimiento por mentes siniestras que esperaban con fría paciencia el momento para dar el zarpazo mortal.

Uno de esos enemigos agazapados era su propio confesor, el padre Antonio Núñez de Miranda; el otro, nada menos que el arzobispo de la Ciudad de México, Francisco de Aguiar y Seijas, quien se sentía feliz de ser miope, pues así "no podía mirar con claridad a seres tan perversos como las mujeres" (sic.). Estaremos de acuerdo en que Aguiar y Seijas era miope en más de uno de los sentidos.

El momento ideal para censurar a Sor Juana llegó en 1690, cuando publica la famosa "Carta atenagórica", donde con certeros argumentos teológicos, cuestiona el sermón del predicador Antonio Vieira sobre las finezas de Cristo. El documento es una muestra de la impresionante inteligencia de Sor Juana y, si lo revisamos con detenimiento, encontraremos claros y valientes argumentos feministas. Se publicó prologado por el padre Manuel Fernández de Santa Cruz, quien firmó con el seudónimo de Sor Filotea de la Cruz, reconveniendo a la autora a que se ocupe más de sus deberes de religiosa. Sor Juana se defiende de manera deslumbrante en la célebre "Respuesta a Sor Filotea", pero el ataque artero había comenzado, la monja en "pecado de inteligencia" ya estaba en la mira de la "Santa" Inquisición. Obligada a callar por el voto de obediencia y bajo la amenaza de alguna pena infamante o capital, Sor Juana vive sus últimos años entregada al pleno servicio de su clausura y escribiendo bajo permiso y supervisión, obrillas didácticas para el convento. Muere en 1695 atendiendo a sus hermanas de la orden durante una epidemia de viruela. Triste destino para una de las primeras feministas de América y uno de los más brillantes escritores de su tiempo (escrito en género masculino en afán de generalidad, sin desdeñar su digna condición de Mujer).

Las presentes "Redondillas", son el poema que por fama la gente más conoce de Sor Juana Inés de la Cruz, pero aún con toda su perfección y agudeza, no es lo mejor que escribió. Invitamos a los amables lectores a leer sus obras completas, con la seguridad de que hallarán poemas aún más extraordinarios. Editorial Porrúa, en su colección "Sepan Cuántos" número 100, publica todo cuanto escribió esta gran Poeta, y cuesta lo mismo que una comida normal. Pero sólo quedan menos de treinta ejemplares en la casa matriz, Justo Sierra y Argentina, Centro Histórico de la Ciudad de México... no se queden sin el suyo.

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