Hasta que por  fin irrumpe el momento donde entiendes que lo importante no es subir la colina, sino la inmensidad del paisaje que alcanzas a ver y entender que luego has de descender con la misma valentía; que las flores son papel que se lo lleva el viento y que el dolor es la mano que amolda el barro para hacerlo escultura. Para ello hay que saber mirar y aceptar. Hay que amar el alma de las personas más allá de su cuerpo... y,  el alma es libre aunque siempre vuelve. Su esencia está en objetos, instantes,  lugares,  canciones... entonces el tiempo cede y se abren puentes y jardines atemporales. Entiendes que la belleza fluye de adentro hacia afuera y nunca a la inversa. La naturaleza y el universo son carbones y en tus ojos, diamantes.

Te das cuenta que aunque acudas al mismo arroyo y tus dedos lo acaricien una y otra vez las ondas serán diferentes, pues el instante salta de piedra en piedra y de sol en sol cuando hace el amor con nuestra memoria. Que en dependencia del ánimo y de tu crecimiento personal decoras y deshabitas momentos.

Ahora posees la convicción de que en ocasiones se hace inevitable caminar en soledad para impedir que el cielo se coloree de gris una vez más al presentir el final de esa lluvia de brazos abiertos, que no fue más que el espejismo de una viajera en pleno desierto. Caminas escoltada por la experiencia de la sombra que te persigue y con la fe en tu silueta proyectada en el horizonte. Eres una espiga naciente mirando el sol y a veces cambias de dirección.

Comprendes además que no te perteneces y que no eres exclusivamente de donde vienes, que eres también las historias que confías al viento, las esperanzas que se marchan con los ocasos y regresan como las olas de mar para liberar el sonido que guardan las caracolas en la arena.

Y hasta caer es vital, porque en esa caída cuando se toca fondo tus raíces brotan y desdoblas así el libro de tu infancia. Te reconcilias contigo misma para correr sin prisa, sin mirar atrás con temor. Sientes que hay heridas que el tiempo jamás borra. Sin embargo, aún hay una magia inusitada en ese verde que es la vida naciendo del color de la tristeza y de la alegría del sol.

Para aprender hay que desaprender
Para ganar hay que perder
Para volar hay que caer


Septiembre,2018

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Ada Zoe
12 months

Corro directo a favoritos.
Es revitalizante este cúmulo de sensaciones que refleja este poema.
Me quito el sombrero una vez más...

Yuneisy
Yuneisy
12 months

@Ada: Gracia a ti Ada y me complace saber que te has sentido revitalizada al leer mi escrito. Siempre es una alegría leerte!

Angélica
about 1 year

Un arduo proceso de crecimiento refleja este bello poema en cada reflexión de experiencias vividas.
La aceptación es clave, y entender que sólo somos canales también.
Abrazos! :)

Yuneisy
Yuneisy
11 months

@Angélica: Tú como siempre Angélica, percibiendo el alma de mis letras. Es reconfortante leer tus comentarios en mi perfil. Otro abrazo de vuelta! :)

Angélica
Angélica
11 months

@Yuneisy: Me encanta como escribes!

Yuneisy
Yuneisy
11 months

@Angélica: Es mutuo! :)

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