He divisado, desde las páginas de Russell, la doctrina de
los conjuntos, la Mengenlebre, que postula y explora
los vastos números que no alcanzaría un hombre inmortal aunque
agotara sus eternidades contando, y cuyas dinastías imaginarias
tienen como cifras las letras del alfabeto hebreo.
En ese delicado laberinto no me fue dado penetrar.
 
He divisado, desde las definiciones, axiomas, proposiciones
y corolarios, la infinita sustancia de Spinoza, que consta de infinitos
atributos, entre los cuales están el espacio y el tiempo,
de suerte que si pronunciamos o pensamos una palabra,
ocurren paralelamente infinitos hechos en infinitos orbes
inconcebibles. En ese delicado laberinto no me fue dado penetrar.
 
Desde montañas que prefieren, como Verlaine, el matiz al color,
desde una escritura que ejerce la insinuación y que ignora la hipérbole,
desde jardines donde el agua y la piedra no importan
menos que la hierba, desde tigres pintados por quienes
nunca vieron un tigre y nos dan casi el arquetipo,
desde el camino del honor, el busbido, desde una nostalgia de espadas,
desde puentes, mañanas y santuarios,
desde una música que es casi el silencio,
desde tus muchedumbres en voz baja, he divisado tu superficie,
oh Japón. En ese delicado laberinto...
 
A la guarnición de Junín llegaban hacia 1870 indios pampas,
que no habían visto nunca una puerta, un llamador de bronce o una ventana.
Veían y tocaban esas cosas, no menos raras para ellos
que para nosotros Manhattan, y volvían a su desierto.

La cifra, 1981

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