Y heme aquí, fiel creyente de lo imposible
buscándote entre los abrojos y el susurro del viento
imaginando que al igual que una super nova
puedo atraerte a mi sin remedio y detener el tiempo
justo cuando mi piel con la tuya, impacientes se acoplan.
 
Y asido a esa visión, como semidiós con corazón humano
levanto mi mano señalando a un punto lejano
allá, donde el cielo es curvo y del mar se ve cercano.
 
No he de detenerme, ni por el mar, ni por la montaña
pues creo en mi interior que al final de eso, tú estás a mi dispuesta
como el rocío a la flor en cada mañana
con tus brazos extendidos, tu corazón se apresta
para dar a mi acto de amor, la dulce respuesta.
 
Aguarda, pues voy hacia ti por la n-ésima cuesta,
allí estaré sin falta, en tanto el sol aún no se acuesta
y puntual como el canto mítico entre el árbol y el cenzontle.
te encontraré justo allí... bajo la curva que traza el horizonte.

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Ada Pardo
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