“Bohemia”

“Bohemia”

by Ismael Enrique Arciniegas

Llegaron mis amigos de colegio
y absortos vieron mi cadaver frío.
"Pobre", exclamaron y salieron todos:
ninguno de ellos un adiós me dijo.
Todos me abandonaron. En silencio
fui conducido al último recinto;
ninguno dio un suspiro al que partía,
ninguno al cementerio fue conmigo.
Cerró el sepulturero mi sepulcro;
me quejé, tuve miedo y sentí frío,
y gritar quise en mi cruel angustia,
pero en los labios expiró mi grito.
El aire me faltaba, y luché en vano
por destrozar mi féretro sombrío,
y en tanto..., los gusanos devoraban,
cual suntuoso festín, mis miembros rígidos.
"Oh, mi amor, dije al fin, ¿y me abandonas?
Pero al llegar su voz a mis oidos
sentí latir el corazón de nuevo,
y volví al triste mundo de los vivos.
Me alcé y abrí los ojos. ¡Como hervían
las copas de licos sobre los libros!
El cuarto daba vueltas, y dichosos
bebían y cantaban mis amigos.
Ismael Enrique Arciniegas
(repeta el derecho de autor)

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Llegaron mis amigos de colegio
y absortos vieron mi cadaver frío.
"Pobre", exclamaron y salieron todos:

¿Quieres que hablemos?... Está bien..., empieza:
habla a mi corazón como otros días...
¡Pero no!... ¿qué dirías?...

Llegaron mis amigos de colegio
Y absortos vieron mi cadáver frío;
«¡Pobre!» exclamaron, y salieron todos...

Cortina de los pilares
es la enredadera verde.
¡Cuál se amontonan pesares

Se aleja el barco. Luz de madrugada.
La aurora alumbra el peñascal sombrío,
y de garzas el vuelo ligera bandada

Al porvenir con paso giganteo
Avanza ¡oh Juventud! ¡Sonó la hora!
Potente, de la sombra enervadora,

De láminas un libro yo hojeaba,
Y en un extremo de la sala, Lola,
Junto a su madre —que también cosía—

Una flauta en la montaña...
es la flauta del pastor...
la luna los campos baña...

Al través de las brumas y la nieve,
En el rostro el dolor, la vista inquieta,
El pie cansado vacilante mueve...

Leía y meditaba. Era la hora
En que el alma en la carne se ajiganta.
El sol caía en la naciente sombra;

Ya aspiro los aromas de su huerto;
Las brisas gimen y las hojas tiemblan.
Cuán bella ¡oh luna! a nuestra cita vienes...

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