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Received 979184332198473

Alfredo Jiménez G.

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Despierta de madrugada,
su día empezó desde ayer
es múltiple su jornada
porque es líder y mujer.

A sus hijos y la escuela
sumar hogar y cocina,
ropa, comida y cazuela
¿Qué más? Ah si, la oficina.

Todo tiene su momento
quehacer fecundo y creador
pero le añade talento
¡Cómo se atreve! y ¡Amor!

Debería de estar prohibida
toda esa dedicación
¿Cómo le alcanza la vida?
¿Cómo le imprime pasión?

Si esto pareciera poco
también enfrenta el estigma
de cierto prejuicio loco:
¡Es MUJER, qué paradigma!

Pero ella llega al trabajo
después de haber trabajado.
“Mujer al mando, ¡cuidado!”,
se oye un murmullo muy bajo.

Mas su labor y su esmero
reflejan que no hay contienda
entre la flor y el acero.
Quien tenga oídos que entienda.

Mujer que es madre y esposa
y también es lideresa.
Así es la naturaleza,
dio autoridad a una rosa.

Las horas imprecisas
se bifurcan más lejos,
mis pasos indecisos
no saben donde van.

A veces son las tardes
altas por su belleza
y a veces subterráneas
por tanta oscuridad.

El crepúsculo se abre
lentamente a mis ojos,
me revela secretos
caminos que no sé.

Las nuevas luces visten
estas desnudas calles
y pueblan de inocencia
los lugares de ayer.

Las horas imprecisas
distinguen en mis pasos
los distintos caminos
que quieren recorrer.

No entiendo las distancias,
las locas direcciones
que acaban por fugarse,
que no suelen volver.

Acaso no comprendas
el clamor de las noches
y acaso ni siquiera
las escuches también.

Amanecer
en un día nublado;
nos hace verlo,
como el sutil frescor
que nos regala el cielo.

Ada Zoe y Alfredo Jiménez G. (alias Alexander de Large)
[En coautoría].

1

Estrella en mi firmamento,
Luz de un influjo oriental
Vienes cual dulce tormento
Iluminando un momento
A un simple bardo mortal.

Fantasía que en lontananza
Une a su encanto fugaz
El perpetuarse tenaz.
Nunca tu brillo se alcanza,
Te vas en graciosa danza
Estrella del firmamento
Sorteando el sidéreo viento.

1

Como lo hiciera Diógenes que fue en busca del hombre
con su linterna en mano, vagando por el mundo,
así un día me marché buscando sin más rumbo
a alguien de los que llaman como LÍDER por nombre.

Lo encontré, no sin muchas frustradas tentativas
laborando en la aurora que inunda la oficina,
sin dormir ni tres horas porque ya se avecina
el momento oportuno de dictar directivas.

Era un hombre común, mortal entre mortales;
mal mirado parece un adicto al trabajo.
Fue cálido el saludo, pero no se distrajo.
Algo lo distinguía de fulanos de tales.

Era un LÍDER, sin duda, más que por la apariencia
impecable por cierto. Generaba confianza
entre toda su gente, se notaba una alianza
tácita e irrompible, armónica en su esencia.

Marchaba todo en orden como un fiel engranaje
de todo un mecanismo preciso y ajustado.
—Me apena interrumpirlo –le dije–, aunque ocupado
no va a negarle al mundo su preciado mensaje.

“-No exagere –me dijo pero con tono amable–,
alguien entre nosotros debe tomar el mando,
por ahora estoy aquí, pero no sé hasta cuándo.
Soy sólo un individuo útil y reemplazable.

”Sólo somo humanos igual que en todas partes
pero en la historia ¿hay otros que hayan participado?,
humana aquí es la firma de un hecho consumado:
Construcciones o trenes o un hangar, bellas artes.

“Se lo diré en confianza, yo no soy el mejor.
Conozco a mis empleados, quizá por eso valgo
y sé de todos ellos quién sabe más de algo;
reconozco su empeño y él cumple su labor.

”Sé escucharlos a todos y conozco sus nombres,
no son activo fijo ni stock, no traen marbetes,
tienen sus sentimientos, sus corbatas y aretes
porque, lo habrá notado, son mujeres y hombres.

“Por ellos y con ellos piloteamos la nave,
no por cierto iba solo Nemo en su submarino.
Así que si hay momentos en que flaqueo y declino
ellos me resucitan como Fénix. el ave.

”Pero no han de saberlo aunque quizá lo intuyen,
no con decirle esto le confieso que miento
si no tengo entusiasmo, no sé cómo lo invento
porque sé que mis gestos y mis actos influyen.

“Ante los arduos tiempos de esta cruel inclemencia
el vértigo del cambio me hace actuar más creativo
con pensamiento fresco, mente abierta y activo
respeto a mis colegas como a mi competencia.

”Ya me voy, me requieren en la planta de abajo.
Sólo debo decirle que importa el buen humor,
la risa es necesaria tanto como el amor...
Y lo más importante: Pasión por su trabajo.”

Visité otros lugares y conocí a gerentes,
alcandes, empresarios, maestros, militares.
Son hombres y mujeres todos muy similares
porque sin darse cuenta son seres muy valientes.

Yo no sé si el errante Diógenes de Sinope
halló al hombre en algún momento de su viaje.
Conocí a más de un LÍDER con un solo pasaje
a pesar de lo escasos y de mi mirar miope.

1

Pequeña niña cruel, inexorable
no sabes cuánto hieres con tus risas,
tu indiferencia, tu candor, tus prisas.
No sabes cuánto hieres por amable.

Porque tu sonrisa parece un desliz
y son devaneos tus juegos de niña
y un coqueto fraude tu fingida riña
y una sugerencia tu mirar feliz.

Tu boca sensual murmura en secreto
tanta fruslería de niña traviesa
y cada palabra, dicha con respeto,
parece un susurro que me grita “¡besa!”

Tú, niña pequeña del alma de miel
de pequeña mente infantil que aún no sabe
que es grande mi amor y el deseo cabe.
Creo que es inocencia tu ignorancia cruel.

Hay en la red una mujer valiente
que he aprendido a querer como sobrina;
es joven, de alma tierna y cristalina.
La admiro por sincera y transparente.

Aby que siempre dice lo que siente
navega por la nube peregrina
ágil, con la banda ancha clandestina
brillando con luz propia, inteligente.

Aby Hernández con sus nobles ideales
de amor, de tolerancia y libertad
de un celular que falla en sus señales

emite la razón de su verdad:
Si se aman sean dos, tres, muchos o iguales
no importan ni las castas ni la edad.

Los hombres que él ha sido en su carrera
se empeñan en vivir y su eco suena
por foros y por sets; en cada escena.
Mil seres que encarnó en ficción sincera.

Es ellos, los será, tantos que fuera;
bastantes que infundió con vida ajena
en años que de histrión forman treintena,
son tablas de un actor, buena madera.

La fama y su fulgor son justo premio.
No busca iluminar cual vana estrella
lejano resplandor altivo y blanco.

Su causa es ayudar, ese es su apremio:
Comparte su saber, deja honda huella
y más que aporta el maestro ESTEBAN FRANCO.

Eloísa entró a mi estudio con dos maletas y una mirada de determinación inobjetable. “Me marcho de tu vida”, dijo sin vacilar.
Fue un dolor extraño en mi pecho y el impulso de retenerla tan fuerte como su decisión de irse. “Sé feliz”, le dije mientras la abrazaba para despedirnos. El estilete en mi mano se hundió sin vacilar en su espalda.
Resultaría de muy mal gusto entrar en detalles sobre la preparación del cuerpo, baste decir que a falta de recursos técnicos y económicos, sólo pude conservar su cráneo; el resto de sus encantos reposa en mi jardín. Cualquiera pensaría que todas las osamentas son iguales, pero no es así, cada una guarda las facciones que su dueño llevó en vida. Los rasgos bellos de Eloísa se distinguen muy bien en su rostro que eternamente me sonríe mientras me mira con esa juventud que para siempre preservará sus veintiocho años.

No estabas en mis planes
pero al llegar, volviste
al nuevo hogar tan triste
de mis penas y afanes.

Oportuno suceso
para mi historia trunca,
no te había visto nunca
pero estás de regreso.

Del viaje que fatiga
vaciaste las maletas,
llenaste las gavetas
mi nueva y vieja amiga.

Recuerdos indelebles
fueron tus buenas nuevas.
Miras todo y no apruebas,
ya cambiaste los muebles.

Complicaste mi vida
o esto jamás lo has hecho
por razón o derecho
genial desconocida.

Tierna intrusa, inquilina,
mujer que no había visto
estás de vuelta, insisto,
prevista y repentina.

Tu añorada presencia
cuando no pernoctabas
junto a mí, me colmabas
de ignorada existencia.

Pretéritos deseos
remotos, cuando mía
aún no te conocía
sólo en mis devaneos.

Casual, es tu costumbre
dominaste mi entorno
¿fue llegada o retorno?
No lo sé, fue vislumbre.

Bella extraña devuelta
con tu reciente arribo,
si todo es relativo
la historia está resuelta.

¿En qué lugar sin fin
te has detenido?
Si siempre hasta en las sombras
te he buscado.
¿Dónde estás
en qué sitio suspendido?,
te busco y por buscar
ya ni te extraño.
¿De dónde fue surgiendo tal olvido?
¿Qué pretendes hallar
si te has marchado?
Si quieres encontrar
yo estoy perdido,
rescátame y consérvame
a tu lado.

¡Deslumbra!
¡Y en cada
mirada
relumbra!

Penumbra
que invada
su entrada
la alumbra.

Sencilla,
por tanto
discreta.

Bien brilla
de encanto
Julieta.