Loading...

Aurelia Castillo

A Aurelia Castillo


               por Luisa Pérez Sambrana

A Aurelia Castillo


               por Luisa Pérez Sambrana

Con túnica de nácar, pasa pura
una dulce, una espléndida figura
más blanca que el jazmín.

Es un ángel con alas estrelladas,
un ángel celestial que lleva atadas
las manos de marfil.

Tú eres esa beldad tierna y sombría
¡adorable y celeste Poesía!
¡prisionera inmortal!

¿Cuál es tu culpa, ¡oh cándida acusada?
-¡Sobre mi frente pálída y sagrada
llevar la Libertad!



Dijo Emilio Roig de Leuchsenring en 1920.

El mejor retrato físico y moral que se ha hecho de esta insigne poetisa se debe a la pluma maravillosa y brillante de Julián del Casal: «Una estatua de jaspe rosado, coronada de nieve. Los ojos verdes, de un verde marino, lanzan miradas severas, atenuadas por cierta dulzura femenina y cierta melancolía secreta… Hay en el conjunto de su figura la majestad de una patricia romana y la gracia de una duquesa del siglo diez y ocho».

Esto en lo físico; en cuanto a lo moral, dice el autor de “Nieve”: «lo más próximo a la perfección», predominando en ella tres grandes amores: a su patria, a su hogar y a la poesía. Y ante esta gloriosa trinidad—añade— «ofician sus dos cualidades distintivas: la bondad y la sinceridad.»



Castillo de González, Aurelia (1842-1920).

Escritora cubana, nacida en Puerto Príncipe (actual Camagüey) el 27 de enero de 1842, y fallecida en su lugar de origen el 7 de agosto de 1920. Desde muy joven recibió una esmerada educación humanística que le permitió entregarse de lleno al cultivo de la creación literaria. Así, cuando sólo contaba veinticinco años de edad escribió la única obra teatral que salió de su pluma, La voluntad de Dios (1867), una comedia en dos actos, escrita en verso, que hoy en día se da por desaparecida. Debió de tratarse de una obra prematura y escasamente elaborada, poco reveladora del espíritu progresista que después alentaría la vida y obra de Aurelia Castillo.

Se unió en matrimonio con un militar español, el coronel Francisco González del Hoyo, cuyo talante liberal -era partidario de la república- le granjeó numerosos enemigos entre las altas esferas políticas y militares de la isla. La culminación de estas desavenencias políticas tuvo lugar en 1875, cuando el coronel González del Hoyo hubo de abandonar Cuba, a raíz de las severas protestas que hizo públicas tras el fusilamiento de Antonio L. Luaces y Miguel Acosta. Expulsada en compañía de su esposo, Aurelia Castillo viajó con él a España, en donde ambos permanecieron durante tres años. La escritora supo aprovechar esta difícil coyuntura familiar para darse a conocer como poetisa y articulista en la metrópolis: colaboró estrechamente en la revista Cádiz, en la Crónica Meridional (de Almería) y en El Eco de Asturias, publicaciones en las que no sólo dejó su rastro lírico, sino también su valiente y progresista defensa de la corriente antiesclavista. En efecto, Aurelia Castillo se significó por su enconada lucha contra los defensores de la esclavitud, poniendo de relieve tanto la inhumanidad de esta práctica como la rastrera catadura moral de sus partidarios. Entretanto, preparó una edición de sus poemas, que vieron la luz en Cádiz (Tipografía La Mercantil, 1879) al año siguiente de que hubiera abandonado España. Esta recopilación de sus versos, prologada por la escritora española Patrocinio de Biedma, salió a la calle bajo el título de Fábulas. Poemitas morales. (Posteriormente, estos versos tuvieron una segunda edición en el país de la autora [La Habana: Imprenta de Rambla y Bouza, 1910]).

De retorno a su Cuba natal, estrechó sus colaboraciones literario-ensayísticas con varios medios de comunicación, entre los que es obligado destacar La Luz, La Familia, El Camagüey, El Pueblo, El Progreso, la Revista de Cuba, la Revista Cubana y La Habana Elegante. A partir del año 1885 intervino activamente en las tertulias literarias promovidas por el escritor cubano José María de Céspedes, en las que hizo gala de ese talante librepensador que ya había tenido ocasión de proclamar, tanto en Cuba como en España. Se declaró abiertamente convencida de las mejoras que habría de traer el progreso científico-técnico, y comenzó a cultivar el género biográfico. En aquel año de 1985 dio a la imprenta su Adiós de Víctor Hugo a la Francia de 1852 (La Habana: La Propaganda Literaria, 1885), y dos años después hizo imprimir su célebre Biografía de Gertrudis Gómez de Avellaneda y juicio crítico de sus obras (La Habana: Imprenta de Soler, Álvarez, 1887), libro que mereció el accésit de la Sociedad Colla de Sant Mus.

Su prestigio intelectual iba aumentando a medida que iba haciendo públicos todos estos escritos. A la vuelta de una larga visita a Francia (que después prolongó por España, Suiza, Italia, Estados Unidos y México), recopiló las cartas que desde varios de estos lugares había enviado al periódico cubano El País, principalmente las que daban cuenta de todos los detalles que observara en la Exposición Universal de París, de 1889. Así, fueron apareciendo sucesivamente el volumen misceláneo titulado Un paseo por Europa, Libro de viajes. Cartas de Francia, de Italia y de Suiza (La Habana: La Propaganda Literaria, 1891); el poema Pompeya (La Habana: La Propaganda Literaria, 1891); y otro libro de viajes que llevaba por título el de Un paseo por América. Cartas de México y de Chicago (La Habana: Imprenta La Constancia, 1895).

Al poco tiempo de haber regresado de todos estos periplos por el Viejo y el Nuevo Continente, en 1896 volvió a ser expulsada de su país, esta vez a causa del pésame que transmitió a Alfredo Zayas por la muerte de su hermano Juan Bruno, destacado combatiente en el bando independentista capitaneado por José Martí. Aurelia Castillo se instaló de nuevo en España, país que abandonó dos años después para regresar definitivamente a Cuba.

Instalada otra vez en su país natal, fundó el asilo "Huérfanos de la Patria" y publicó, a comienzos de la nueva centuria, Trozos guerreros y Apoteosis (La Habana: Imprenta La Mercantil, 1903). En 1904 volvió a realizar un fecundo viaje por tierras europeas, y dos años más tarde, ya consagrada como una de las figuras cimeras de la intelectualidad de Cuba, aceptó entrar en la junta directiva de la Sociedad de Labores Cubanas. En 1910 se convirtió en una de las promotoras de la fundación de la Academia Nacional de Artes y Letras, de cuya sección de Literatura fue nombrada vicedirectora. Al mismo tiempo, supo compaginar estos honores y estas obligaciones socioculturales con esa vocación creativa que experimentó desde que era una niña: envió, por aquellos años, varias colaboraciones a las revistas Bohemia, Social y Cuba Contemporánea, y cultivó el género narrativo en una serie de relatos que vieron la luz bajo el epígrafe de Cuentos de Aurelia (La Habana: Imprenta de Rambla y Bouza, 1912); además, siguió tratando el género biográfico (Ignacio Agramonte en la vida privada [La Habana: Imprenta de Rambla y Bouza, 1912]), recopiló sus escritos sueltos y algunos de los de su marido (Escritos de Aurelia Castillo de González y algunos de Francisco González del Hoyo [La Habana: Imprenta El Siglo XX, 1913-1918, 6 vols.]), tradujo La figlia d'Iorio, del italiano Gabrielle d'Annunzio, y se encargó de revisar la primera edición de las obras completas del susodicho José Martí.

Bibliografía

Hormigón, Juan Antonio (dir.) Autoras en la Historia del Teatro Español (1500-1994). (Madrid: Publicaciones de la Asociación de Directores de Escena de España, 1996).

Instituto de Literatura y Lingüistica de La Academia de Ciencias de Cuba. Diccionario de literatura cubana (La Habana: Editorial Letras Cubanas, 1980).

Poncet, Carolina. "Evocación de Aurelia Castillo" (Revista de la Biblioteca Nacional José Martí [La Habana: año IV, enero-diciembre de 1962]).

Rodriguez Sánchez, Tomás. Catálogo de dramaturgos españoles del siglo XIX (Madrid: Fundación Universitaria Española, 1994).

Referencias

Cuba Literaria - www.cubaliteraria.cu/articulob.php?idarticulo=14086

La web de las biografías - www.mcnbiografias.com/app-bio/do/show?key=castillo-de-gonzalez-aurelia




Top