Bruma de oro, el Occidente alumbra
la ventana. El asiduo manuscrito
aguarda, ya cargado de infinito.
Alguien construye a Dios en la penumbra.
 
Un hombre engendra a Dios. Es un judío
de tristes ojos y de piel cetrina;
lo lleva el tiempo como lleva el río
una hoja en el agua que declina.
 
No importa. El hechicero insiste y labra
a Dios con geometría delicada;
desde su enfermedad, desde su nada,
 
sigue erigiendo a Dios con la palabra.
El más pródigo amor le fue otorgado,
el amor que no espera ser amado.

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Alfredo Jiménez G.
alrededor de 3 años

"Las translúcidas manos del judío/ labran en la penumbra los cristales..." Y lo siguen haciendo en el presente porque aquel "hombre de tristes ojos y de piel cetrina" es una hoja que llevada por las aguas del cambiante río, permanece. Spinoza fue uno de los autores que condujeron a Borges por los inquietantes laberintos de la metafísica, pasadizos por donde él a su vez nos guía a nosotros. Resultaría algo irresponsable calificar al Poeta argentino y universal de agnóstico, aún frente a estos brillantes endecasílabos del soneto que hoy nos ocupa. Su relación con la idea de Dios era mucho más profunda y compleja de lo habitual en un ser humano, y por eso al hablar de El Creador a veces nos parece un poco irreverente. Sobre esto nos diría Mafalda, una niña argentina como el autor: (refiriéndose a Dios), "qué se va a enojar, si nos tiene una paciencia..."

Baruch Spinoza era uno de los autores preferidos de Borges. Sabemos que muy pocos tuvieron ese privilegio de entrar en los afectos y admiraciones de un escritor que era tan riguroso en sus juicios, empezando consigo mismo y por ello alcanzó tal nivel de perfección. No le apuraba que lo tildaran de "ateo", con su franqueza que escandalizaba a los simples, llegó a afirmar que "se debía incluir a la teología en la Literatura fantástica". Y bajo este criterio calificó a la obra de Spinoza como "aún más excelente que la de Wells y la de Poe", pues "la idea de un Dios todopoderoso y omnidotado es más apasionante que la más exquisita de las creaciones de la fantasía o de la ciencia ficción". (sic.)

Queda manifiesta la enorme admiración que Borges sentía por Spinoza, además el hecho de que le dedicara varios poemas, entre ellos dos inolvidables sonetos. A ese autor de tan frágil salud y fuerte espíritu, que fue bendecido con el mejor de los amores, "el que no espera ser amado"...

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