Más allá de los símbolos,
más allá de la pompa y la ceniza de los aniversarios,
más allá de la aberración del gramático
que ve en la historia del hidalgo
que soñaba ser don Quijote y al fin lo fue,
no una amistad y una alegría
sino un herbario de arcaísmos y un refranero,
estás, España silenciosa, en nosotros.
España del bisonte, que moriría
por el hierro o el rifle,
en las praderas del ocaso, en Montana,
España donde Ulises descendió a la Casa de Hades,
España del íbero, del celta, del cartaginés, y de Roma,
España de los duros visigodos,
de estirpe escandinava,
que deletrearon y olvidaron la escritura de Ulfilas,
pastor de pueblos,
España del Islam, de la cábala
y de la Noche Oscura del Alma,
España de los inquisidores,
que padecieron el destino de ser verdugos
y hubieran podido ser mártires,
España de la larga aventura
que descifró los mares y redujo crueles imperios
y que prosigue aquí, en Buenos Aires,
en este atardecer del mes de julio de 1964,
España de la otra guitarra, la desgarrada,
no la humilde, la nuestra,
España de los patios,
España de la piedra piadosa de catedrales y santuarios,
España de la hombría de bien y de la caudalosa amistad,
España del inútil coraje,
podemos profesar otros amores,
podemos olvidarte
como olvidamos nuestro propio pasado,
porque inseparablemente estás en nosotros,
en los íntimos hábitos de la sangre,
en los Acevedo y los Suárez de mi linaje,
España,
madre de ríos y de espadas y de multiplicadas generaciones,
incesante y fatal.

(1964)

#EscritoresArgentinos El otro, el mismo (1964)

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Alfredo Jiménez G.
plus de 4 ans

Contemplamos a España con tan diversas miradas en América Latina. Muchos diálogos se pierden en la inmensidad de un océano ya superado que ahora parece insalvable por los endebles navíos del rencor histórico. Nos ha tocado conocer con frecuencia a obtusos que no soportan la correcta pronunciación del castellano peninsular, vaya, ni en las películas. Son los mismos que siguen lamentando con patológica mentalidad la apertura de mi General Lázaro Cárdenas (ese sí un verdadero Presidente), que brindó asilo, Patria y hospitalidad a los exiliados españoles, con lo que México salió ganando al recibir a invaluables artistas, médicos, profesores y científicos que vinieron de nuevo a “hacer las Américas” y a dejar lo mejor de sí en correspondencia.

Todo esto viene a cuento porque estamos ante un monumental poema donde Jorge Luis Borges, con lúcidos argumentos, nos permite ver lo que no descubrimos en un indiferente vistazo de ese gran país y de su impresionante historia. Borges es justo, sabio y muy agradecido por cuanto corre por sus venas o habita en su memoria y que proviene “del otro lado del Atlántico”.

El Poeta resalta con habilidad de orfebre engarzando palabras, las virtudes de esa civilización que atesora en costumbres e idioma sus propias invasiones y sus íntimas venturas. Imposible acercarse a Borges sin recibir una breve pero profunda dosis de universalidad. Sorprende a nuestros sentidos en unos cuantos versos con la grandeza de un pasado que también nos pertenece, si bien a causa de una colisión violenta, pero fusión al fin que nos forzó a recibir pérdidas y ganancias. Se habrán llevado el oro pero dejaron, además de espejos y baratijas, las palabras… monedas de gran valor. Un recóndito orgullo invade a quien es capaz de comprender.

España y su enorme significado se contemplan en este bello poema, donde además, el autor nos regala una sencilla y oportuna guía para aproximarnos a una correcta lectura de “El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha”.

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