¡Cuántas cosas iguales! El jinete y el llano,
la tradición de espadas, la plata y la caoba,
el piadoso benjuí que sahúma la alcoba
y ese latín venido a menos, el castellano.
¡Cuántas cosas distintas! Una mitología
de sangre que entretejen los hondos dioses muertos,
los nopales que dan horror a los desiertos
y el amor de una sombra que es anterior al día.
¡Cuántas cosas eternas! El patio que se llena
de lenta y leve luna que nadie ve, la ajada
violeta entre las páginas de Nájera olvidada,
el golpe de la ola que regresa a la arena.
El hombre que en su lecho último se acomoda
para esperar la muerte. Quiere tenerla, toda.

La moneda de hierro (1975)

#EscritoresArgentinos

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Alfredo Jiménez G.
plus de 3 ans

"Si no me lo imagino, no puedo ver nada. Como las pirámides de Teotihuacán, que no miré, pero que pude tocar y ahora recuerdo visualmente". Esto fue, textual, lo que dijo el gran escritor Jorge Luis Borges cuando visitó la enigmática Ciudad de los Dioses y caminó por la Calle de los Muertos para constatar, de manera tangible, esculturas, pirámides y altares.

Es notable el aprecio que Borges sentía por México, visitó tan bello país en varias ocasiones y su presencia siempre fue un gran acontecimiento que generó varias anécdotas. Recordaremos algunas de ellas, aunque ya en otras oportunidades las hemos comentado:

En una de esas visitas se reunió en un restaurante con Octavio Paz y su esposa Marie José. Sentados a la mesa, Borges citó de memoria unos versos del Poeta zacatecano Ramón López Velarde: "Suave Patria, vendedora de chía"... Se quedó en silencio unos instantes y después le preguntó a Paz, "¿Qué es 'chía'?" El Bardo mexicano le contestó poéticamente: "¡Sabe... a tierra!"

En otra ocasión tuvo un encuentro con varios escritores mexicanos que fue conducido para la televisión por el bachiller Álvaro Gálvez y Fuentes, la grabación en "video tape" es un valioso documento histórico. Habló de Poesía con Juan García Ponce, Salvador Elizodo y Juan José Arreola; este último, en un descanso de las grabaciones de dicho programa, con la soltura desenfadada que lo distinguía, le pidió a Borges que le permitiera "escrutar su mirada", contando con su permiso, el autor del "La feria" analizó con "vista clínica" los ojos del Poeta argentino.

Es bien sabido que Jorge Luis Borges era muy riguroso con su propia obra y varias veces expresó en público su desagrado por varios de sus libros o poemas tempranos. Por ese mismo amor a la perfección del estilo que se imponía a sí mismo, no cualquier otro autor llegó a impresionarlo. Quien esto apunta tiene en preparación un artículo sobre "la Biblioteca personal de Jorge Luis Borges", aquellos libros que le fueron imprescindibles. Podemos adelantar a dos autores mexicanos incluidos entre sus predilecciones: El ya citado Juan José Arreola con su "Confabulario" y el jalisciense Juan Rulfo con su inolvidable novela "Pedro Páramo"... No hay otros autores mexicanos en esa interesante lista.

La ceguera física de Borges no fue impedimento para gozar de una vista privilegiada, todo tema que abordaba en sus poemas adquiría tintes de universalidad. El presente soneto dedicado a México no es la excepción. Primero nos habla de las coincidencias que encuentra entre este país y su Patria, luego nos describe lo que encuentra diferente y al final nos revela lo que puede vislumbrar eterno en la tierra donde reside "el ombligo de la luna"... "que nadie ve", pero que él pudo distinguir con agudeza. Y esa violeta marchita que nos comparte, hallada entre las páginas del Duque Job, don Manuel Gutiérrez Nájera. El que esto comenta, servidor de ustedes, no puede disimular la profunda emoción.

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