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César Alberto Flota

POEMAS
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1

Dormía con el veneno
puesto en la piel
con las ganas de romper el vacío,
o llenarlo con algo más que sangre.

Me recordarás
y te recordare,
eso me hace feliz.

Gastaremos hasta el cansancio,
los colores de la imaginación
disfrutando de nuevo,
el primer momento.

Donde como en un sueño,
llegaste desde el cielo
a curarme los miedos.

Saber que te las verás con mis palabras,
circulando por tus venas rojas
como una especie de mensajes,
mensajes recíprocos de dos cuerpos
que se reparten amor y hacen paz,
con la afinidad tan fina
como la estela de estrella
que caía arriba nuestro,
cuando nos preguntábamos
que hacer con tanto amor.

Por unos días pensé
que solo existías en la mente
del hombre que busca el arquetipo
de lo natural, de la belleza,
formando rondas de pequeñas ideas
donde aparecías con los labios rojos.
¿Acaso eres un imán para mis ojos?

Un día como hoy
preferí estar con ella
para siempre
y todos los días pasan así,
sintiendo como el infinito
se consume entre nosotros.

La respuesta a tus besos
te la mande no a través de los años
sino buscándote aún en otras vidas,
donde mis días iniciaban
con tu risa.

Todo lo lindo está en ti.
Tú me das ganas de volver a pintar.
Tú me das ganas de volver a cantar.
Tú me das ganas de volver a soñar.
Tú me das ganas de volver a intentar.
Tú me das ganas de volver a hablar.
Tú me das ganas de volver a pensar.
Tú me das ganas de volver a cambiar.
Tú me das ganas de volver a amar.

Palabras cortas,
con significados inimaginables como tú,
tú para mí.

Cuando hablo de ti
mi voz lanza ataques mágicos de amor.

En los sueños y la realidad
aparecen rayos y estrellas,
luces estentóreas infinitas
con tu voz y tu risa nacen
figuras y compases mágicos
que llenan el espacio delicado
con flores y esperanzas
que llueven
sobre mis palabras.

La luz que en mi despiertas
me uniforma,
me manda a vivir
usando la alegría del goce,
resolviendo el no-color,
pintándote en todos lados.

Brillando nosotros,
nació el color del amor.

Te dedicas a pintar el mar
y dedicas tu tiempo al color
que desprenden
las palabras de amor,
que te hicieron nacer.

Emanamos luces
que hacen nacer
la historia de dos cuerpos,
que se pintan en la faz del tiempo,
que usan el mundo como un óleo,
que terminan siendo un mismo color,
que terminan bailando
sobre los corazones mil planetas,
que no se han extinguido,
por tu luz.

Nunca se sabrá con cuanto se llena un corazón.
Se lleno de estrellas mi corazón,
cuando dejaste el roce de tus labios.

Mi corazón que ha viajado por la tierra y más,
tu sonrisa lo llena.

La risa mueve universos
 y por tu risa saltaría
de mundo en mundo pa’ escucharte.

Que si me cabe el mundo y las estrellas,
que si la flor más linda me recuerda a ti.

Se acepta vida,
se acepta adiós en este corazón
que ahora es tuyo mi amor.

Y ahora que uso el corazón
valen mucho más las noches estrelladas
donde siempre te busco
y algún día te volveré a ver.

Explotas en los ojos
del poeta,
rompes su mente
intentando encontrar palabras,
que puedan tocarte.

Estas son las palabras
que representan tus sonidos,
frente a los míos.

Amorosa
Luz
Inefable
Sensible
Olvidadiza
Natural.

Pero no le tengamos miedo
a las palabras,
porque somos más que sonidos,
somos tacto, sensibilidad
somos la cercanía a ese infinito inefable.

Si te hablo por tu nombre
no puedo no sonreír,
y si acaso te digo, amor, amor.

Mis intenciones chaparrita, sin importar que se te olvide mi nombre,
son que me recuerdes cuando respiras,
cuando rías,
cuando te llame la puerta el dulce amanecer y sientas amor
aún sin recordar que has soñado
y si fue el caso conmigo,
darle frente a esos deslices del goce,
que le cedas la virtud al olvido,
que despiertes sin recordar mi nombre
y me llames amor.

Tal vez no hablo de ti,
tal vez sólo hablo
de lo que significas para mí.
Tal vez no renuncio
porque tus ojos hablan tan lindo por ti,
allí nacieron los primeros mándalas.
Tal vez no puedo tocarte,
ni siquiera hablarte
pero se que después
de librar mil batallas
tu rostro perfecto
no trae las guerras,
los besos lentos.
Me envuelvo mágicamente contigo,
y después viene la vida.
Tal vez no moriremos
y al final podremos querernos más.
Naces de mi intento de amar.

Armo tus mapas
con precisión matemática,
tus pequitas me muestran la galaxia,
la suma de los sueños
donde has aparecido,
es igual de basta
que las fuerzas que me arrastran,
por los paisajes hermosos
creados en tus ojos.

Tu boquita fina
lista para el beso,
emana color
y el vértigo del silencio.

Cuando te quedas callada
y sonríes, y piensas analíticamente,
qué se puede predecir,
mirando nuestra
combinación de movimientos,
fluyendo paralelos
no perdemos simetría,
te ves preciosa,
te ves tan sabia.

La atracción que generan
todo el tiempo,
se resuelve en el infinito.

En un puente entre líneas,
jugando con el pasado, presente y el futuro,
caemos derrotados por los besos lentos,
aceptando que solo nos tenemos
nosotros para siempre.

Quererte porque
me salvas la vida
quererte,
me salva la vida.

“Luna de Octubre”

La luna de octubre me parece bella,
no me lo refutes, no me contradigas,
no cuestiones mi concepción de belleza
pues eres tú la luna de mis noches.

Solo la más grande luna puede acompañar
a cada verso de regreso a ti,
al lugar donde al menos en mí,
nace lo que dicen que es el amor.

Contemplar la luna más hermosa de octubre
con tu recuerdo también me parece bello,
verla para siempre en mi mente,
pero con un gran cambio,
tú estando aquí.

Esa sería la más bella noche de octubre
aún sin la luna,
pero tú estando aquí.

Ella es más que un verbo creador,
ella es todo el logos,
ella es una reacción espiritual en mi sistema,
es una fuerza, una luz
y la acompaña toda la verdad de los cuerpos que se quieren,
todo el esfuerzo de la vida por ser natural
se desprende de ella y yo.

La elección de estar con ella para siempre
queda escrita en el principio de tiempo,
donde aún la vida no tenía su nombre.

Resistiendo el fin con tal de verla reír,
se persiste para no sucumbir al dolor.

La vida se vuelve un chiste sin gracia sin ella.

No te miro con disimulo,
aunque seas más que un sol,
porque ya no tengo miedo a quemarme contigo.

Te miro fijamente con los ojos del alma
que saben leerte entera, sin bruma.

Hacemos del amor una acción y nos vivimos.

Ella se convirtió en el verbo vivir.

Apenas se escuchan mis movimientos,
el mundo grita por ti.

Quiere que piense en ti.

Las palabras se cuecen en las fauces del adiós
cuando se pone tu nombre al viento.

La soledad es un espejo,
donde apareces conmigo.

Ni cuando te has ido,
me dejas solo.

En mi soledad,
el sol gira alrededor de ti.

Te regalo amor está flor,
no es tuya y no es mía,
es del amor y la vida;
es de la muerte que desprende,
desde que no estás.

Mientras siga viva
le ruego que perfume tu vida.

Su voluntad se engrandece,
al quitarla de su tierra,
como el amor que me fue arrebatado de ti,
arde; crece y muere.

Mas ella sigue un tiempo viva y feliz;
recordando sus días de brotes,
como su vida se fue formando
y dio hermosos pétalos.

Así pasa conmigo,
ahora que me aleje de mi tierra,
que me aleje de ti,
puedes estar segura
que estoy apunto de morir,
como está bella flor.

Comenzaba a volar lejos,
lejos la endémica esencia de tu piel
emanando ríos de densos deseos
abría las puertas de mi ser perverso,
que arde hasta los huesos el querer,
que vive más allá del cuerpo.

Te vas en la lejanía,
dejas de aparecer y duele,
pues la imaginación cambia
en instantes de pura percepción.

Atento me atengo
y caigo en banales distracciones,
de pronto coloreas al cielo diferente,
a veces azul, ríes y el cielo se aclara.

Sonríes; nubes y constelaciones aprenden,
toman la forma de un Dios, tu forma,
te alzas al sol, hermosa.

Lloras, gritas, te vas e instantáneamente
cambia a un matiz oscuro,
el cielo y la vida.

Hace frío ya es noche y duele,
muero, el peor huésped de la vida,
a lo lejos del cielo,
sanó sonriendo.

De lejos todo parecía al revés,
bordes y semicírculos
que se proclamaban dioses feroces,
me atacaban la integridad,
un pensamiento náufrago,
que buscaba tu fragancia.

Al final de mí cordura,
al final del oscuro terror de buscar
y no saber cuando ni donde parar, aprendí.

Al final de mí locura,
paisajes hambrientos,
deje de volar,
me devora un pensamiento
y vuelvo a ti.