o entra con:    ¿Olvidaste tu contraseña? | Únete
o entra con:
Cruzsalmeronacosta

Cruz María Salmerón Acosta

POEMAS
SEGUIDORES
0

Baja la tarde al campo. Los rumores
con que me arrulla la Naturaleza
me infunden una lírica tristeza
y despiertan en mí puros amores.

Ya la luna, a los pobres soñadores
derrocha de su plata la riqueza,
y hace olvidar del verso la belleza,
la prosa natural de los pastores.  

Yo no quiero escribir, pero la luna
y la tarde me dan a soñar una
poesía que me hace sufrir tanto.

Que pienso mientras sueña mi alma inquieta,
que los mejores versos del poeta
son los que escribe con su propio llanto.

Llega Jesús y junto al mar murmura
Jairo, y dice: “Señor, mi hija adorada
está expirando, pon tu mano pura
sobre su cuerpo y me será salvada.ç

El Maestro a salvar a la hermosura
se encamina, en mitad de la jornada
una enferma rozó su vestidura
¡y de repente se sintió curada!

Jesús halla la niña ya sin vida,
mas dice: “No está muerta, está dormida”,
y al tocar con sus manos a la muerta,

la gélida hermosura adolescente,
entreabriendo los ojos, dulcemente,
como de un simple sueño se despierta.

No, no era amor lo que ella me tenía;
era tal vez piedad, lástima era,
porque mi oculta pena comprendía
y ella se compadece de cualquiera.

Mientras voy recobrando mi alegría
animado, quizás de una quimera,
se va tornando mucho menos mía
como si ella ya no me quisiera.

Yo si he formado de mi amor un culto,
desde que aquí mi juventud sepulto
y la aureola del martirio ciño.

No me quites, Señor, mi sufrimiento
si es que habré de perder con mi tormento,
la conmiseración de su cariño.

Que vivan de la baraja
los jugadores de oficio;
porque el juego es un mal vicio
para todo el que trabaja.

Nos han metido en un puño
a los dueños de garito;
dicen que ni el “sombrerito”
se jugará en el terruño,
ni “picha” ni “simimuño”,
ni “tino” ni “capupaja”,
nada de lo que rebaja
el caudal de los obreros,
aunque rabien los fulleros
que viven de la baraja.

Con gritos conmovedores
le piden a Juan Vicente
que les cambie el Presidente,
un grupo de jugadores.
Pero los trabajadores
aceptan como un servicio
la prohibición del vicio
que tanta ruina ocasiona.
Todo esto desazona.

Componen la sociedadtal
vez por falta de juicio,
se ven en el precipicio
en donde los llevó el juego,
y del cual no saldrán luego,
porque el juego es un mal vicio.

Javier que dejó su cuna
y fue viajando hasta el Saco,
dicen que en pos de Cumaco,
de Macán y de fortuna.
Valeriano que ninguna
moneda acuña en su casa
desde que el cuero está en baja.
Juan Francisco y Nicolás,
que ya no toparán más
para todo el que trabaja.

Cuando a mi lecho por la vez primera
la triste muerte se acercó enlutada,
con suplicante voz le dije ¡espera!
me ha prometido un beso mi adorada.

Deja, importuna, que amanezca el día,
irme no quiero con la noche obscura.
Espera unos instantes todavía,
que un beso nada más tan poco dura.

Y la enlutada, pálida y hermosa
por mi súplica amante, conmovida,
se alejó de mis labios y piadosa,
como esperanza me dejó la vida.

No quiero lauros, nada más un beso.
Ni prendas, ni tesoro codiciado,
quiero sentirme entre tus brazos preso
y más tarde yo diré, adiós, estoy pagado

Todas las flores tienen un rocío,
todos lo años tienen primavera,
déjame a solas con el sueño mío,
¡Oh, muerte!, buena amiga, espera.

Pasan los meses tristes y pausados.
El dulce beso a mi cariño, niega;
y pensando en los labios dorados
le pregunto a la muerte, ¡cuándo llega!

Todo en mi derredor dice alegría,
la aurora tras del monte se levanta,
el pájaro en la fronda anuncia el día
con la flauta que oculta  en su garganta.

Quiero cantar a tanta poesía
que habla a los ojos, y a la mente encanta,
pero la alondra de la musa mía
aun sin querer, solloza cuando canta.

Nací del mar en infeliz ribera,
y esta aflicción que mi alma desespera
cuando empiezo a rimar lo que he vivido,

me hace pensar, por el sufrir inquieto,
que acaso llevo en mi interior secreto
el paisaje del suelo en que he nacido

Allá donde se besan mar y cielo,
la vela del navío tan lejano
finge el último adiós de tu pañuelo
que aleteó, cual pájaro en tu mano.

Te fuiste ayer de mi nativo suelo
para otro suelo que se me hizo arcano,
y sufro todavía un desconsuelo,
desesperado de esperarte en vano.

A cada vela errante me imagino
que a mis brazos te atrae, o que el Destino
hacia la playa donde estoy te lanza.

De nuevo la nostalgia me tortura,
pensar en que tendré la desventura
de morirme de amor sin esperanza.

Su balandra que arriba a mi ribera,
lirios de espuma sobre el mar deshoja,
y luce al sol la tricolor bandera
cual una llama gualda, azul y roja.

Soy feliz cuando me habla la viajera
a pesar del pesar que me acongoja,
y del llanto que ayer vertí en su espera
y del que hoy aún mis ojos moja.

La tarde abrió sus múltiples pendones,
y ante el adiós de nuestros corazones
lloramos juntos como dos hermanos;

¡más, me alivié al notar que ella, tan mía,
era al fin la mujer que recibía
la última caricia de mis manos!

La hora en que fue mío tu cariño
a cada instante con pesar la evoco
fue en el velorio de aquel pobre niño
que como nuestro amor duró tan poco.

Si nació nuestro amor junto al sagrado
cuerpo sin alma de aquel niño yerto,
que siendo un niño al fin sin un pecado
empezando a vivir, también se ha muerto.

Aquella noche en que jugamos tanto
a los pies de un humilde crucifijo,
una madre infeliz vertía llanto
por la partida eterna de su hijo.

Noches para otras ánimas de duelo
y para nuestras almas de alegría
cuando tu mano al darme tu pañuelo,
otro pañuelo iba entre las mías.

Las damas se nombraban como flores
y de sus labios como frescas rosas,
blancas rosas de múltiple colores,
volaban versos como mariposas.

Es la hora melancólica y serena,
en alta noche y en apacible calma,
brilla la luna y a lo lejos suena
música alegre que entristece el alma.

Música de placer para el dichoso
que dulces esperanzas atesora,
música para mí como el sollozo
de mi solitario corazón que llora.

A los tranquilos rayos de la luna
imágenes de amor llegan flotantes
bañándome, al pasar, una por una,
con la serena luz de sus semblantes.

Corazón que sufriste lo rigores
del cruel Destino, un cementerio eres,
donde están ya difuntos mis amores,
el olvido de todas las mujeres

Gustaste del Edén, frutas y flores
y si el dolor ahogaste en los placeres
también sentiste en el placer dolores,
pero cantando tus dolores, mueres.

Ya no hay quien por tu tierno sentimiento
se apropie de mi moral marchitamiento,
¡Oh corazón,  que siempre eres mi lira!

Cuando ya no resista mi quebranto
cesarás de latir rimando un canto,
o soñando un amor que nunca expira.

Los dos ojos azules que yo había perdido
los hallé al fin en otra linda faz de mujer;
pero apenas mirarlos un momento he podido,
pues lo mismo que antes los he vuelto a perder.

Esos ojos celestes para siempre se han ido
como todas mis bellas ilusiones de ayer,
pues no hará la fortuna que tan mal me ha querido
que yo alcance la dicha de volverlos a ver.

De sufrir por su ausencia hoy estoy más enfermo;
pero yo me consuelo cuando pienso en mi yermo,
que después que esos ojos se apartaronde aquí,

desde el mar dirigieron una dulce mirada
a la lámpara sola de mi sola morada,
se pusieron muy tristes y lloraron por mí.