Esos ojos los que todavía me sueñan desde muy lejos,
así de cerca de tu alma .
Los de la luna menguante,
los que se quejan en este desolado vacío.
En el abrazo y esa caricia disimulada que no me das,
porque nunca llegaste a lo que prometías
con  tu mirada ruidosa  y audaz...
como un faro encendido
 
Siempre con tus comentarios y letanías...
pensando que te redimías
y que tenías todo el tiempo para quedarte.
Pero no...
nunca entendí donde ni cuando ni por  qué vivías
como una veleta, trepado sin fundamentos
en un avión de aquí para allá continuamente...
Que  al fin y al cabo...
no sabías donde querías estar
pero tampoco tenías el  tiempo
para seguir mintiendote a ti mismo.
 
Se te acortaron los días
y se te fue la vida antes de darte cuenta.
Aquella última vez que nos vimos,
que te dejé en el puerto con tu bastón inmaculado,
sin pasaje de regreso,
sin augurios ni letanías...
 
Me despedí de ti con un hasta nunca,
eso fue lo que te dije...
y tu con tus pestañas grises y con los ojos grandes
casi cerrados por el cansancio de mirarme con tus tristezas,
las que te consumían .
Quisiste hablar por un instante,
decirme algo que yo hace tiempo  sabía...
que lamentabas haberme dañado esos días
y como siempre terminabas echandote la culpa.
Entonces yo,
te miré con tristeza sin saber la mitad de tus pensamientos.

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