Soneto del amor unitivo

Soneto del amor unitivo

por Francisco Luis Bernárdez

Tan unidas están nuestras cabezas
y tan atados nuestros corazones,
ya concertadas las inclinaciones
y confundidas las naturalezas,

que nuestros argumentos y razones
y nuestras alegrías y tristezas
están jugando al ajedrez con piezas
iguales en color y proporciones.

En el tablero de la vida vemos
empeñados a dos que conocemos,
a pesar de que no diferenciamos,

en un juego amoroso que sabemos
sin ganador, porque los dos perdemos,
sin perdedor, porque los dos ganamos.

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Si para recobrar lo recobrado
debí perder primero lo perdido,
si para conseguir lo conseguido

Tan unidas están nuestras cabezas
y tan atados nuestros corazones,
ya concertadas las inclinaciones

Dulce como el arroyo soñoliento,
mansa como la lluvia distraída,
pura como la rosa florecida

Estar enamorado, amigos, es encontrar el nombre jus …
Es dar al fin con la palabra que para hacer frente …
Es recobrar la llave oculta...

En la ciudad callada y sola mi voz despierta una
profunda resonancia.
Mientras la noche va creciendo pronuncio un

Aunque el cielo no tenga ni una estrella
y en la tierra no quede casi nada,
si un destello fugaz queda de aquella

En cada ser, en cada cosa, en cada
palpitación, en cada voz que siento
espero que me sea revelada

No sé quién la lloró, pero la siento
(por su calor secreto y su amargura)
como brotada de mi desventura,

Tan unidas están nuestras cabezas
y tan atados nuestros corazones,
ya concertadas las inclinaciones

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