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Gabriela Mistral

Carta a Gabriela


por Juana de Ibarbourou, 1957

Carta a Gabriela


por Juana de Ibarbourou, 1957

¿Por qué caminos del alba
andas descubriendo el cielo
ese, prometido a unos
los que sufrimos, creemos
y le pedimos a Dios
ir a bruñir sus luceros ?

¿Por qué sendas, asombrada,
ya vas encontrando el cielo,
mientras aquí las banderas
y pueblos, están de duelo.?
 ¿Por qué te fuiste, tan pronto
precipitando el invierno
cuando aún, lleno de flores,
se desgranaba febrero?

Yucas y conquistadores
te irán formando cortejo;
Pizarro barbado y noble
—bronce, plata, encaje, acero—
con una ciudad de torres
entre sus brazos sin huesos.
Y una muchedumbre oscura
que va detrás de Atahualpa
te sigue cantando himnos
en lengua quechua y aymara.

Ya estás, Gabriela, en la gloria,
mitad de princesa incaica,
mitad de reina española,
como Isabel, la magnánima.

Ya sé que no has de escribir
a nadie mas en la tierra,
que oficinas de correo
a la eternidad se veda.

¡Pero es tan dulce que sepas
Gabriela, que toda América
por ti está tan conmovida
como tu patria chilena...!

El cielo junto al copihue
la orquídea venezolana
se une a la victoria-regia
del Brasil, y en la sabana
de Colombia, los gomeros
detienen su savia trágica.

¡Toda la flora de América
quiere mirarte la cara!

Asómate entre las nubes
una tarde arrebolada;
muéstranos tu frente ancha
de madre tan bien amada,
¡déjanos poquito a poco,
del todo no te nos vayas!

Aquí ha quedado tu verso,
tu palabra estructurada
con lo mejor del idioma
y lo mejor de tu alma.
Pero nos falta tu rostro
con la sonrisa cansada,
que a todos nos descansaba
cuando nos daba en los ojos.

Oye, Gabriela, las voces
desde tu «bosque perfecto»
damos la señal que diga
que llega a ti nuestro acento,
y repasa, tu que tanto
sobre la tierra anduviste,
¡reposa y se haga radiante
su risa aquella, tan triste!

Descubre el cielo y descansa,
pero, Gabriela ¡no olvides!

Gabriela Mistral es el Seudónimo literario de Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga; Vicuña, Chile, 1889 - Nueva York, 1957) Poetisa y educadora chilena. Hija de un maestro de escuela, con dieciséis años Gabriela Mistral decidió dedicarse ella también a la enseñanza; trabajó como profesora de secundaria en su país y como directora de escuela.

Gabriela Mistral se dio a conocer en los Juegos Florales de Chile en 1914 con el libro de poemas Los sonetos de la muerte, nacidos del dolor causado por el suicidio de su prometido, el empleado ferroviario Romelio Ureta, a quien había conocido en 1906. Estos sonetos fueron incorporados en 1922 a una colección más amplia de sus versos realizada por el Instituto Hispánico de Nueva York bajo el título de Desolación.

Ese mismo año dejó Chile para trasladarse a México, a petición del gobierno de este país, con el fin de que colaborara en la reforma de la educación iniciada por Vasconcelos. En México, Gabriela Mistral fundó la escuela que lleva su nombre y colaboró en la organización de varias bibliotecas públicas, además de componer poemas para niños (Rondas de niños, 1923) por encargo del ministro de Instrucción Pública mexicano, y textos didácticos como Lecturas para mujeres (1924).

Terminada su estancia en México, viajó a Europa y a Estados Unidos, y en 1926 fue nombrada secretaria del Instituto de Cooperación Intelectual de la Sociedad de Naciones. Paralelamente, fue redactora de una revista de Bogotá, El Tiempo (sus artículos fueron recogidos póstumamente en Recados contando a Chile, en 1957), representó a Chile en un congreso universitario en Madrid y pronunció en Estados Unidos una serie de conferencias sobre el desarrollo cultural estadounidense (1930). En 1945 Gabriela Mistral recibió el Premio Nobel de Literatura.

La poesía de Gabriela Mistral

De tendencia modernista en sus inicios, su poesía derivó hacia un estilo personal, con un lenguaje coloquial y simple, de gran musicalidad, y un simbolismo que conecta con una imaginería de tradición folclórica. En sus obras expresó temas como el sufrimiento o la maternidad frustrada, así como inquietudes religiosas y sociales que responden a su ideología cristiana y socialista.

La obra de Mistral, en efecto, pasó por distintas etapas relacionadas con la temática y el estilo literario. En un primer momento, con la publicación de Desolación, existe un fuerte predomino del sentimiento sobre el pensamiento a la vez que una cercanía muy estrecha con lo religioso. En este libro aborda el tema del amor desde su propia experiencia trágica: la muerte de su amante.

En otra de sus producciones, Ternura (1924), la poetisa realiza una fusión de cuerpo y alma a través de la maternidad. Existe una pérdida real en el adulto: la infancia, que es restituida, en parte, a través del lenguaje. Este libro, dedicado a su madre y hermana, está dividido en siete secciones: Canciones de Cuna, Rondas, La Desviadora, Jugarretas, Cuenta-Mundo, Casi Escolares y Cuento. Muchos de sus poemas -relacionados con niños- quedaron recogidos en sus poemarios Desolación y Lectura para Mujeres.

En 1938 apareció Tala, en la que está presente la cosmovisión dolorosa de Desolación. En 1954 apareció en Chile su siguiente colección de poemas, Lagar. Con anterioridad, habían aparecido dos antologías suyas, una en 1941 y otra en 1950, titulada Pequeña Antología. En esta obra estarían presentes todas las muertes, las tristezas, las pérdidas y el sentimiento de su propio fin. Éste fue el último texto que publicó en vida.

De aquí en adelante se publicarían muchos más textos recopilatorios de las poesías de la Mistral. Algunos de ellos son: Antología (1957), Recados: contando a Chile (1957), Los Motivos de San Francisco (1965), Poema de Chile (1967), Cartas de Amor de Gabriela Mistral (1978) y Gabriela Mistral en el Repertorio Americano (1978), entre otros muchos.

Referencias

Biografías y Vidas - http://www.biografiasyvidas.com/biografia/m/mistral.htm




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