(...) Toda mi casa esta regada por mis poemas. Me aparecen en la cocina, en el estudio, en el dormitorio. Están extendidos a lo largo de mi desorden, esparciendo su dulzura por las horas tediosas de la  barrida y de la arreglada de los cuartos, dándome ese mensaje de que si hay algo vivo en mi, de que mi vitalidad está impregnada en esos papeles donde he dejado el recuerdo de estos momentos intensos en que yo dejo de ser yo y me convierto en un poema