Un pájaro vivía en mí.
Una flor viajaba en mi sangre.
Mi corazón era un violín.
Quise o no quise. Pero a veces
me quisieron. También a mí
me alegraban: la primavera,
las manos juntas, lo feliz.
¡Digo que el hombre debe serlo!
(Aquí yace un pájaro.
Una flor.
Un violín).

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Alfredo Jiménez G.
alrededor de 2 años

Muchos grandes Poetas lo han dicho, pero ninguno se parece a otro, por eso son grandes. Nervo escribió: "Amé, fui amado, el sol acarició mi faz..."

Gelman en su estilo universal, inconfundible, apunta: "Quise o no quise. Pero a veces me quisieron".

Son tan variadas sus voces, tan singulares que la riqueza del poema crece cada día y estamos de acuerdo con Borges en aquello de que "no llegará jamás al último verso"... Eso, en esta "primavera" de "manos juntas" es "lo feliz".

El pájaro sigue viviendo, la flor continúa el viaje por los senderos arteriales y el violín sigue ejecutando la melodía perenne y siempre nueva. Porque, sin pretender jamás corregirle la plana a Juan Gelman en tan bello Epitafio: (Aquí LATE un Poeta).

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