A veces me siento como un Quijote sin escudero. Otras veces como Lancelot atrapado entre el deber y el deseo. Decidí recluirme en esta ermita de rocas binarias y colgar versos en la red y dejarlos flotar en ríos de Fibra, cobré y aire, a ver si llegan a las pupilas de mi amada Dulcinea.