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Leopoldo lugones

Leopoldo Lugones

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Cuatro bellezas tiene el a...
Cuatro bellezas como tú,
Que me enumera el bonzo ex...
Con su puntero de bambú.
Es la primera, al desperez

Cuatro bellezas tiene el año,
Cuatro bellezas como tú,
Que me enumera el bonzo extraño
Con su puntero de bambú.

Es la primera, al desperezo
De un amor todavía leve,
La temprana flor del cerezo
Que se mezcla a la última nieve.

La segunda es el sol del estío,
Que en el kaki de fuego y miel,
Pinta al amante desvarío
La mordedura dulce y cruel.

Cuando el amor se acendra en lloro
Y el otoño agobia la rama,
La tercera es la luna de oro
Sobre el lejano Fuziyama.

Y la belleza del invierno
Es el frío, el frío sutil
Que refugia en mi pecho tierno
Tus lentas manos de marfil.

Mas se equivoca el bonzo extraño
Con su doctrina y su bambú.
Cuatro bellezas tiene el año,
Pero ninguna como tú.

Deja caer las rosas y los ...
una vez más, segura de mi ...
Aún hay rosas en él, y ell...
mejor perfuman cuando son ...
Al deshojarse en tus melan

Deja caer las rosas y los días
una vez más, segura de mi huerto.
Aún hay rosas en él, y ellas, por cierto,
mejor perfuman cuando son tardías.

Al deshojarse en tus melancolías,
cuando parezca más desnudo y yerto,
ha de guardarse bajo su oro muerto
las violetas más nobles y sombrías.

No temas al otoño, si ha venido.
Aunque caiga la flor, queda la rama.
La rama queda para hacer el nido.

Y como ahora al florecer se inflama,
leño seco, a tus plantas encendido,
ardiente rosas te echarán en su llama.

Con pérfido aparato
De amorosa fatiga,
Luce su oro en la intriga
Y en el ojo del gato.
Poetas, su recato

Con pérfido aparato
De amorosa fatiga,
Luce su oro en la intriga
Y en el ojo del gato.

Poetas, su recato
No pasa de su liga;
Evitad que os consiga
Su fácil celibato.

Su dulce Shakespeare canta
Su distinción de infanta de naranja;
Mas, cuando su alma aduna

Con Julieta infelice,
Swear not by the moon, dice:
“No juréis por la luna” .....

Desde que el horizonte sub...
El plenilunio crepuscular ...
En el desierto comedor, un...
Reflejo, que apenas insinú...
Hay una mesa grande y un a

Desde que el horizonte suburbano,
El plenilunio crepuscular destella,
En el desierto comedor, un lejano
Reflejo, que apenas insinúa su huella.
Hay una mesa grande y un anaquel mediano.
Un viejo reloj de espíritu luterano.
Una gota de luna en una botella.
Y sobre el ébano sonoro del piano,
Resalta una clara doncella.

Arrojando al hastío de las cosas iguales
Su palabra bisílaba y abstrusa,
En lento brillo el péndulo, como una larga fusa,
Anota el silencio con tiempos inmemoriales.

El piano está mudo, con una tecla hundida
Bajo un dedo inerte. El encerado nuevo
Huele a droga desvanecida.
La joven está pensando en la vida.
Por allá dentro, la criada bate un huevo.

Llena ahora de luna y de discreta
Poesía, dijérase que esa joven brilla
En su corola de Cambray, fina y sencilla,
Como la flor del peral. ¡Pobre Énriqueta!

La familia, en el otro aposento,
Manifiéstame, en tanto, una alarma furtiva.
Por el tenaz aislamiento
De esa primogénita delgada y pensativa.
«No Prueba bocado. Antes le gustaba el jamón.»
«Reza mucho y se cree un cero a la izquierda. »
«A veces siente una puntada en el pulmón.»
—Algún amor, quizá, murmura mi cuerda
Opinión...

En la oscuridad, a tientas halla
Mi caricia habitual la cabeza del nene...
Hay una pausa.
Pero si aquí nadie viene
Fuera de usted», dice la madre. El padre calla.
El aire huele a fresa; de no sé qué espesuras
Viene, ya anacrónico, el gorjeo de un mirlo
Clarificado por silvestres ternuras.
La niña sigue inmóvil, y ¿por qué no decirlo?
Mi corazón se preña de lágrimas obscuras.

No; es inútil que alimente un dulce engaño;
Pues cuando la regaño
Por su lección de inglés, o cuando llévola
Al piano con mano benévola,
Su dócil sonrisa nada tiene de extraño.

«Mamá, ¿qué toco?», dice con su voz más llana;
«Forget me not?...». y lejos de toda idea injusta:
Buenamente añade: «Al señor Lugones le gusta.»
Y me mira de frente delante de su hermana.

Sin idea alguna
De lo que pueda causar aquella congoja
—En cuya languidez parece que se deshoja—
Decidimos que tenga mal de luna.
La hermana, una limpia, joven de batista,
Nos refiere una cosa que le ha dicho.
A veces querría ser, por capricho,
La larga damisela de un cartel modernista
Eso es todo lo que ella sabe; pero eso
Es poca cosa
Para un diagnóstico sentimental. ¡Escabrosa
Cuestión la de estas almas en trance de beso!
Pues el «mal de luna», como dije más arriba,
No es sino el dolor de amar, sin ser amada.
Lo indefinible: una Inmaculada
Concepción, de la pena más cruel que se conciba.

La luna, abollada
Como el fondo de una cacerola
Enlozada.
Visiblemente turba a la joven sola.
Al hechizo pálido que le insufla,
Lentamente gira el giratorio banco;
y mientras el virginal ruedo blanco
Se crispa sobre el moño rosa de la pantufla.
Rodeando la rodilla con sus manos, unidas
Como dos palomas en un beso embebecidas,
Con actitud que consagra
Un ideal quizá algo fotográfico,
La joven tiende su cuello seráfico
En un noble arcaísmo de Tanagra.

Conozco esa mirada que ahora
Remonta al ensueño mis humanas miserias.
Es la de algunas veladas dulces y serias
En que un grato silencio de amistad nos mejora.
Una pura mirada,
Suspensa de hito en hito.
Entre su costura inacabada
y el infinito...

Las tres hermanas de mi al...
novio salen a buscar.
La mayor dice: yo quiero,
quiero un rey para reinar.
Esa fue la favorita,

Las tres hermanas de mi alma
novio salen a buscar.
La mayor dice: yo quiero,
quiero un rey para reinar.
Esa fue la favorita,
favorita del sultán.

La segunda dice: yo
quiero un sabio de verdad,
que en juventud y hermosura
me sepa inmortalizar.
Ésa casó con el mago
de la ínsula de cristal.

La pequeña nada dice,
sólo acierta a suspirar.
Ella es de las tres hermanas
la única que sabe amar.
No busca más que el amor,
y no lo puede encontrar.

¡Oh luna! que diriges como...
Por zodíacos y eclípticas ...
Bajo la ardiente seda de t...
¡Oh luna, buena luna!, qui...
Sin cesar encantara tu bla

¡Oh luna! que diriges como sportwoman sabia
Por zodíacos y eclípticas tu lindo cabriolé:
Bajo la ardiente seda de tu cielo de Arabia
¡Oh luna, buena luna!, quién fuera tu Josué.

Sin cesar encantara tu blancura mi tienda,
Con desnudes tan noble que la agraviara el tul;
Oh extasiado en un pálido antaño de leyenda
Tu integridad de novia perpetuara el azul.

Luna de los ensueños, sobre la tarde lila
Tu oro viejo difunde morosa enfermedad,
Cuando en un solitario confín de mar tranquila,
Sondeas como lúgubre garza la eternidad.

En tu mística nieve baña sus pies María
Tu disco reproduce la mueca de Arlequín,
Crimen y amor componen la hez de tu poesía
Embriagadora y pálida como el vino del Rhin.

Y toda esta alta fama con que elogiando vengo
Tu faz sietemesina de bebé en alcohol,
Los siglos te la cuentan como ilustre abolengo,
Porque tú eres, oh luna, la máscara del sol.

La tarde, con ligera pince...
que iluminó la paz de nues...
apuntó en su matiz crisobe...
una sutil decoración morad...
Surgió enorme la luna en l

La tarde, con ligera pincelada
que iluminó la paz de nuestro asilo,
apuntó en su matiz crisoberilo
una sutil decoración morada.

Surgió enorme la luna en la enramada;
las hojas agravaban su sigilo,
y una araña en la punta de su hilo,
tejía sobre el astro, hipnotizada.

Poblóse de murciélagos el combo
cielo, a manera de chinesco biombo;
sus rodillas exangües sobre el plinto

manifestaban la delicia inerte,
y a nuestros pies un río de jacinto
corría sin rumor hacia la muerte.

Si tengo la fortuna
De que con tu alma mi dolo...
Te diré entre melancólico ...
Las singulares cosas de la...
Mientras el menguante exig

Si tengo la fortuna
De que con tu alma mi dolor se integre,
Te diré entre melancólico y alegre
Las singulares cosas de la luna.
Mientras el menguante exiguo
A cuyo noble encanto ayer amaste
Aumenta su desgaste
De cequín antiguo,
Quiero mezclar a tu champaña,
Como un buen astrónomo teórico,
Su luz, en sensación extraña
De jarabe hidroclórico.
Y cuando te envenene
La pálida mixtura,
Como a cualquier romántica Eloísa o lrene,
Tu espíritu de amable criatura
Buscará una secreta higiene
En la pureza de mi desventura.

Amarilla y flacucha,
La luna cruza el azul pleno,
Como una trucha
Por un estanque sereno.
Y su luz ligera,
Indefiniendo asaz tristes arcanos,
Pone una mortuoria traslucidez de cera
En la gemela nieve de tus manos.

Cuando aún no estaba la luna, y afuera
Como un corazón poético y sombrío
Palpitaba el cielo de primavera,
La noche, sin ti, no era
Más que un oscuro frío.
Perdida toda forma, entre tanta
Oscuridad, era sólo un aroma;
y el arrullo amoroso ponía en tu garganta
Una ronca dulzura de paloma.
En una puerilidad de tactos quedos,
La mirada perdida en una estrella,
Me extravié en el roce de tus dedos.

Tu virtud fulminaba como una centella...
Mas el conjuro de los ruegos vanos
Te llevó al lance dulcemente inicuo,
Y el coraje se te fue por las manos
Como un poco de agua por un mármol oblicuo.

La luna fraternal, con su secreta
Intimidad de encanto femenino,
Al definirte hermosa te ha vuelto coqueta,
Sutiliza tus maneras un complicado tino;
En la lunar presencia,
No hay ya ósculo que el labio al labio suelde;
Y sólo tu seno de audaz incipiencia,
Con generosidad rebelde,
Continúa el ritmo de la dulce violencia.

Entre un recuerdo de Suiza
Y la anécdota de un oportuno primo,
Tu crueldad virginal se sutiliza;
Y con sumisión postiza
Te acurrucas en pérfido mimo,
Como un gato que se hace una bola
En la cabal redondez de su cola.
Es tu ilusión suprema
De joven soñadora,
Ser la joven mora
De un antiguo poema.
La joven cautiva que llora
Llena de luna, de amor y de sistema.

La luna enemiga
Que te sugiere tanta mala cosa,
Y de mi brazo cordial te desliga,
Pone un detalle trágico en tu intriga
De pequeño mamífero rosa.
Mas, al amoroso reclamo
De la tentación, en tu jardín alerta,
Tu grácil juventud despierta
Golosa de caricia y de «Yoteamo».
En el albaricoque
Un tanto marchito de tu mejilla,
Pone el amor un leve toque
De carmín, como una lucecilla.
Lucecilla que a medias con la luna
Th rostro excava en escultura inerte,
y con sugestión oportuna
De pronto nos advierte
No sé qué próximo estrago,
Como el rizo anacrónico de un lago
Anuncia a veces el soplo de la muerte.

Luna, quiero cantarte
Oh ilustre anciana de las ...
Con todas las fuerzas del ...
Deidad que en los antiguos...
Imprimiste en nuestro polv

Luna, quiero cantarte
Oh ilustre anciana de las mitologías,
Con todas las fuerzas del arte.

Deidad que en los antiguos días
Imprimiste en nuestro polvo tu sandalia,
No alabaré el litúrgico furor de tus orgías
Ni tu erótica didascalia,
Para que alumbres sin mayores ironías,
Al polígloto elogio de las Guías,
Noches sentimentales de mieses en Italia.

Aumenta el almizcle de los gatos de algalia;
Exaspera con letárgico veneno
A las rosas ebrias de etileno
Como cortesanas modernas;
Y que tu influjo activo,
La sangre de las vírgenes tiernas
Corra en misterio significativo.

Yo te hablaré con maneras corteses
Aunque sé que sólo eres un esqueleto,
Y guardaré tu secreto
Propicio a las cabelleras y a las mieses.

Te amo porque eres generosa y buena,
¡Cuánto, cuánto albayalde
Llevas gastado en balde
Para adornar a tu hermana morena!

[ .... ]

Entre nubes al bromuro,
Encalla como un témpano prematuro,
Haciendo relumbrar, en fractura de estrella,
Sobre el solariego muro
Los cascos de botella.
Por el confín obscuro,
Con narcótico balanceo de cuna,
Las olas se aterciopelan de luna;
Y abren a la luz su tesoro
En una dehiscencia de valvas de oro.

[ .... ]

Como una dama de senos yertos
Clavada de sien a sien por la neuralgia,
Cruza sobre los desiertos
Llena de más allá y de nostalgia
Aquella luna de los muertos.
Aquella luna deslumbrante y seca—
Una luna de la Meca ...

Floreció, con la lluvia, e...
El cándido jazmín de prima...
La noche, cual profunda en...
Cuaja también en luz claro...

Floreció, con la lluvia, en los jardines,
El cándido jazmín de primavera.
La noche, cual profunda enredadera,
Cuaja también en luz claros jazmines...

Con tu pantalla oval de an...
tus largos alfileres y tus...
parecías, cargada de primo...
una ambigua musmé del Yosh...
Hería en los musgosos surt

Con tu pantalla oval de anea rara,
tus largos alfileres y tus flores,
parecías, cargada de primores
una ambigua musmé del Yoshivara.

Hería en los musgosos surtidores
su cristalina tecla el agua clara,
y el tilo que a mis ojos te ocultara
gemía con eglógicos rumores.

Tal como una bandera derrotada
se ajó la tarde, hundiéndose en la nada.
A la sombra del tálamo enemigo

se apagó en tu collar la última gema.
Y sobre el broche de tu liga crema
crucifiqué mi corazón mendigo.

Al matinal
cielo de añil,
desde el pensil
lanza el zorzal,
silbo viril,

Al matinal
cielo de añil,
desde el pensil
lanza el zorzal,
silbo viril,
loa jovial,
que rompe el tul
inmaterial
del alba azul
y angelical.

Largo arrebol
dilata el sol
por el tapial
de aquel vergel,
donde rival
más claro que él,
trina, genial,
cantas, sutil,
pueril zorzal,
zorzal gentil.