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Poetaa

Luis Alberto Nina

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He dejado en tu lecho
en el cauce de la emoción:
tanto.
Te he llevado tanto...
Espero que estés pensando
en cada holandesa de amor
que hoy roza tus palmas.
Y no en mí
sino en las cosas
que he escrito allí, junto a ti
porque ha sido contigo
que me he inspirado tanto…
Junto a ti he soñado
junto a ti he volado
me he enamorado
me ha ganado el tiempo
ha vencido el amor.

Todo lo que te he escrito
en aquellas hojas tuyas
deben revelar esto que siento
por ti
deben lograr que sientas
esto tan inmenso que reboza mi piel
todo esto que siente la vida.
Y es que
aunque nunca he tocado
nada de ti
porque de ti
sólo he imaginado...
deseo hoy
que intentes entender
que siempre te espero, siempre
que aguanto de todo
hasta toda la vida...
Porque estoy enamorado de ti
¡enamorado!
Mirando el reloj, esperando...
¡estoy enamorado de ti!

¡Y cómo
no voy a enamorarme de ti!
Te espero, te espero...
si a través de tus sonrisas:
existo.
Dime…
¡y cómo no voy a enamorarme de ti
si a través de tus miradas
conocí la vida!

No sólo valió la pena
sino que
valió la cinta, valió la huida
valió todo el tiempo
en tenernos lejos, en querernos cerca
valió sentirnos tanto y por tanto...
valió la espera...
valió el silencio y sus condiciones
valió crecer entre tantas melodías
valió existir
valió la vida...
Valió la vida y todos sus días
valió creer que creeríamos
que éramos y que estaríamos
valió quedarse y acomodarse
valió escribir y valió volver a escribir
valió existir, valió sentir
valió volver, valió intentar
valió la vida...
Valió mirarmos, valió de todo y tanto...
valió mirarnos y contagiarnos
valió soñar, valió soñar
valió romperse...
valió el arreglo y sus mediciones
valió la vida...
valió la vida y valió la vida
valió insistir y valió vivir
valió el amor
valió la noche
valió soñar, valió encantar
valió sonreír, Musa
valió mirar...
valió de todo, valió la nada
valió existir
valió la vida y valió la vida
valió quedarse, valió la espera
valió tratarlo, valió perder
valió escribir, valió tanto, todo
valió hacer sentir...
valió lo mucho...
valió una idea que guardó su turno
valió esperarte, valió valer
valió hasta amarte, amarte tanto
valió la vida y con sus esquinas
valió besarte...
valió admirarte...
valió la luna y valió el azul
valió una flor y valió brincar
valió el amor y con sus detalles...
valió olvidar y valió crecer.
¡valió la vida!
Valió el conjunto de nuestras vidas
valió la vida y valió la vida...
De verdad que valió el intento y sigue valiendo.

Espero que te guste que me guste todo eso de ti; que ese carnaval de luces extremas y carentes de mis deseos y de la mancha de mis labios, no sea de la pared que atrase la lujuria... Sabes, no sólo no se aguanta mi piel el versarte allí, sino que se me ocurren unas cosas de raras de todo contigo y esa boca… y esos gestos… y tantas cosas malditas y perplejas y de lo raudo... El sitio del que te canto, vive entre la parte izquierda de tu rostro, entre las comillas que generan tus buches cuando sonríes, inferior a la punta de tus lentes, a la izquierda de tu nariz y los deseos.

Ese es y será nuestro escondite predilecto, cuando culmine “La espera” y nuevamente arranque contigo. Y no te prometo silencio, rutina o lo que más adora de mí, control. Solo drama entre libretos creados todos para una sola ocasión: el encuentro en público, el sonreír de tu voz, nuevamente, dejándolo todo mojado...

El lugar yace:
Entre tu boca y tu aliento y la punta de tus labios, queriendo destaparlo todo… un poco más arriba, debajo de un cachete, cerquita de tu nariz; donde se aguarda el erotismo de un lunar silencioso y agobiante.... En ese mismo sitio, navega la ilusión de un amante alocado y vulnerable, yace un mortal que se hace héroe... Ese pedacito de estancia y maniobras y sudores libidinoso es la apertura más extraordinaria de tu rostro, quizás hasta de todo tu cuerpo, excluyendo el calibre de tus piernas astutas y sensibles… Es lo que más me gusta de ti, ese salto…

2

No me importa que andes regando tu hechizo entre la atención de cualquiera. Porque sé que ninguno lo llegará a distinguir. Ellos se enfocarán sólo en tu piel, en tus ojotes, tus labios gruesos y mojados y misteriosos y bullosos… Se hipnotizarán con tus piernotas, con el canto de tu cintura y las formas… Sin embargo, nunca llegarán a mirar al más allá; se quedarán en la superficie de tus manantiales. Huirán a tu cuerpo, a ese pegote de densidad y óseo y glándulas… Y se saciarán en par de estrofas… y la esencia de tu hechizo a nadie aprisionará... porque sólo los duendes entienden lo que está “detrás de ti, delante de ti”; sólo ellos saben lo que es posiblemente quedarse… Se los dijo un duende en especial, “Tu Duende”. Les hizo valer por una mentira que no te alcanza…

Porque para sentirte de verdad, para ganarse las vidas de tus ganas, para quedar hechizado por tu magia, por tu esencia, se tiene uno primero que aventurar, aventurarse a versarte. Y no todos pueden estrellarse en la locura, no todos son verdes; y no todos aguantan la osadía, no todos pueden escucharte... Hay que pretender el recorrido…

Quien te vea sin arriesgarse, se perderá en el brillo, ¡porque sí que tienes brillo! Y nunca llegará a conocer que detrás de tanta luz se oculta el acertijo a las penumbras del deseo, de tus mismos y osados deseos: sexo, calma, opción y misterio… más brillo, sonrisas y pasado. Detrás de tu masa y contiguo a tus huesos navega cada uno de tus silencios. Se encuentra lo fuerte, tu rareza: atrevida, crítica, solución y sorpresas… Más brillos, miradas y futuro… Y hay que versarte, para poder hechizarse. Sólo tu Duende es capaz, Mi Maga, “el dueño de tu castillo”. Y todo lo otro: la selva.

1

Somos:
lo que el silencio quiera que seamos
somos parte de la oscuridad
somos un sueño
provenimos de la explosión de una mirada
y nos quedamos por un beso.
Somos lo que tú quieras que seamos
somos el despertar de una sonrisa
somos el anochecer de un riesgo
somos puro deseo e imposibilidad
somos distancia y encuentro.
Somos tiempo.

A veces siento que lo que más quisiera de  ti o contigo no es solamente versarte, no es solamente encontrarme con el sudor del esfuerzo de tu piel y encantarte, y no es llamarte y que voltees o que de repente le digas a mí atención que eres mía y de nadie más y que soy tuyo y de nadie más, que lo intentamos con nadie más; que la exclusividad es el misterio y que sus alas son del tiempo… Hay veces que quisiera más, que quisiera cosas de ti, que lucharía por cosas particulares de ti –que si tenerlas me cuesta la magia– habría valido todo el reencuentro…

Lo que quisiera de ti en esos momentos que más deseo volar y volar y volar, y despertar y hacer despertar a otros, a otra, a ti… Esa adivinanza se arrincona en un sólo dictamen: lo que más quisiera… Hay veces que llueve y la soledad aparece y te evaporas entre un “ya no puedo y tú no”… Y te digo algo: todo esto es el comienzo a los dioses de la Súplica, suspirar a solas…

Lo que quisiera de ti o contigo es… porque hay tantos deseos, Mi Maga; deseos de los buenos, deseos de seguir deseando y que se cumpla y que no se gaste nunca y nada la aventura y que te emociones junto a mí… Lo que más quisiera de ti, contigo; lo que más quisiera es… es… es solamente tenerte tan cerca que pudiera mirarte y mirarte y mirarte y saborearte sin tener que tocarte; y que luego, cuando la noche suceda e intenten sus lejanías, entonces… entonces solamente dejar caer mis garras y ceder… y abrazarte… abrazarte y apretarte tan fuerte y delicado que te recompongas, que todo tu pasado quede en el pasado, que todo tus lamentos se hagan chocolates, que el nacer de tus historias quede entre la esperanza y tus adicciones conmigo…

A veces… a veces sólo quiero todo esto, abrazarte, quedarme tan cerca de tu piel que volver atrás constituya la ilusión más utópica del silencio de una queja que ocurrió y penó. Porque no todas las épocas de la vida tienen que ser color de rosas o con olores y sabores agradables, también a veces tiene que excitarse todo lo raro, Maga; la rareza de un duende, Tu Duende, que no sólo está dispuesto al silencio de tus labios y sus voces dulces, sino que para escucharte desde adentro, hasta abrazarte es lo que quiere, y cambiar el gemido de tu canto por una “buena conversación”... Pero para eso, ¡dármelo debes! Y yo que espero…  

¿Es que aunque la ame tanto, aún no sé a qué sabe ésta, la soledad, si en ella yo no estoy? ¡Quédate siempre! No sólo quiero versarte, también quiero avarzarte…