Yo voy soñando caminos
de la tarde. ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas! ...
¿Adónde el camino irá?
Yo voy cantando, viajero
a lo largo del sendero...
—La tarde cayendo está—.
«En el corazón tenía
la espina de una pasión;
logré arrancármela un día,
ya no siento el corazón.»
 
Y todo el campo un momento
se queda, mudo y sombrío,
meditando. Suena el viento
en los álamos del río.
 
La tarde más se oscurece;
y el camino que serpea
y débilmente blanquea
se enturbia y desaparece.
 
Mi cantar vuelve a plañir:
«Aguda espina dorada,
quién te pudiera sentir
en el corazón clavada.»

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Alfredo Jiménez G.
más de 3 años

Sin ningún itinerario previo, el Poeta que nos enseñó aquello de "se hace camino al andar" traza sus propias sendas de ensueño y las recorre en vespertinas introspecciones cantando su canción descorazonada.

Al caer la noche que borra las veredas llega el momento de guardarse en una venta o bajo una amable higuera como aquel otro caminante de versos y oraciones o como ese otro caballero de justicia y triste figura.

Mirando las estrellas Antonio Machado continúa su canto y su añoranza por la punzante espina y el lacerado corazón, tesoros que dejó alguna vez a una orilla del camino.

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