Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las cuatro
y acabo la planilla y pienso diez minutos
y estiro las piernas como todas las tardes
y hago así con los hombros para aflojar la espalda
y me doblo los dedos y les saco mentiras.
 
Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las cinco
y soy una manija que calcula intereses
o dos manos que saltan sobre cuarenta teclas
o un oído que escucha como ladra el teléfono
o un tipo que hace números y les saca verdades.
 
Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las seis.
Podrías acercarte de sorpresa
y decirme «¿Qué tal?» y quedaríamos
yo con la mancha roja de tus labios
tú con el tizne azul de mi carbónico.

Poemas de la oficina (1953-1956)

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Alfredo Jiménez G.
más de 2 años

Un bello pero amargo conteo de horas de una ausencia. El tiempo indiferente transcurre; el Poeta con todo su dolor cumple con sus deberes de escritura, es productivo a pesar de la tristeza y de los dolores de espalda. Ella no está y no son horas, son meses de soledad.Es más dramática la situación si consideramos que no es el desamor y el hartazgo lo que los separa, es el exilio y la persecución política.El poema es una invocación a la ausente, como si nombrarla diera un poco de alivio, unos segundos de reunión simbólica anulando distancias insalvables, al grado que se mezclan "el labial y el carbónico".

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