¡Oh, gloria inmarcesible!

Yace tu rostro deshecho en asfalto
Cómo si hubiera vivido allí siempre,
Brota en tus ojos el manjar rojo
Con el que se alimenta el surco.
 
Gimen los tuyos en tu agonía,
pues tu exhalar no obtuvo respuesta
Yaces inerte, hijo del mundo,
Tu historia dio inicio en tu muerte.
 
Beben de tu inexistencia las pupilas,
que como las mías;  no sienten
Y su temor, su anarquía;
les dura, hasta que tu show comience.
 
Eres el rostro de la fe pérdida
y de la causa que sin nacer, muere
Porque mañana en lo plácido de tu tumba,
tu expirar no valdrá de nada.
 
En el país de las fantasías,
donde agonizan las montañas,
donde los cobardes rigen,
donde los magnates mandan.
 
Un ejército de analfabetas rasos,
con ínfulas falangistas
Quita vidas que no le pertenecen
Causando lutos que no le pesan.
 
Porque mi sendero hipócrita, no pereces
Tienes otras caras y de otros colores tiñes tus fauces.
 
Haces pactos con los ángeles y los santos,
ofreces carne de cañón como tributo al diablo.
 
Jugando al día y a la noche sobrevives; y tus hijos, tus lacayos
Soñamos con el día en que expires y vuelvas a ser de la tierra.
 
Nada dura,  ni siquiera la carne humana
calcinándose en la acera.

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