Cebolla
luminosa redoma,
pétalo a pétalo
se formó tu hermosura,
escamas de cristal te acrecentaron
y en el secreto de la tierra oscura
se redondeó tu vientre de rocío.
Bajo la tierra
fue el milagro
y cuando apareció
tu torpe tallo verde,
y nacieron
tus hojas como espadas en el huerto,
la tierra acumuló su poderío
mostrando tu desnuda transparencia,
y como en Afrodita el mar remoto
duplicó la magnolia
levantando sus senos,
la tierra
así te hizo,
cebolla,
clara como un planeta,
y destinada
a relucir,
constelación constante,
redonda rosa de agua,
sobre
la mesa
de las pobres gentes.
 
Generosa
deshaces
tu globo de frescura
en la consumación
ferviente de la olla,
y el jirón de cristal
al calor encendido del aceite
se transforma en rizada pluma de oro.
 
También recordaré cómo fecunda
tu influencia el amor de la ensalada
y parece que el cielo contribuye
dándote fina forma de granizo
a celebrar tu claridad picada
sobre los hemisferios de un tomate.
Pero al alcance
de las manos del pueblo,
regada con aceite,
espolvoreada
con un poco de sal,
matas el hambre
del jornalero en el duro camino.
Estrella de los pobres,
hada madrina
envuelta
en delicado
papel, sales del suelo,
eterna, intacta, pura
como semilla de astro,
y al cortarte
el cuchillo en la cocina
sube la única lágrima
sin pena.
Nos hiciste llorar sin afligirnos.
 
Yo cuanto existe celebré, cebolla,
pero para mí eres
más hermosa que un ave
de plumas cegadoras,
eres para mis ojos
globo celeste, copa de platino,
baile inmóvil
de anémona nevada
 
y vive la fragancia de la tierra
en tu naturaleza cristalina.

#EscritoresChilenos #Odas elementales [I952-I954] (1954)

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Alfredo Jiménez G.
alrededor de 4 años

Ya hemos hablado de los tres tomos de Odas Elementales que escribió Pablo Neruda y por los que, sin contar el resto de su monumental obra poética, podemos afirmar sin él menor asomo de exageración, usando un verso suyo: Fue el Poeta que “cuanto existe celebró”.

Su amigo el escritor Gabriel García Márquez dijo con sobrada razón que “Neruda era una especie de ‘Rey Midas’, todo lo que tocaba lo transformaba en Poesía”.

He aquí una muestra de su impresionante creatividad, la “Oda a la cebolla”. Un elemento tan cotidiano en el mercado, la cocina y el plato. La miramos sin ver; la degustamos sin valorar sus virtudes terrenales que se tornan celestes entre su transparencia acumulada capa tras capa que se vuelve fresca blancura. Tan desagradecidos al devorarla, si faltara en el banquete notaríamos desconcertados su ausencia.

El Poeta le agradece por todos nosotros, comensales un tanto descuidados que al degustar su peculiar sabor, no reflexionamos que se gestó bajo la tierra como un diamante en “fruto”. Delató su presencia con sus tallos para auto inmolarse en la cazuela o en la tabla de picar, causando un remordimiento involuntario a quien la descuartiza y llora al percibir su espíritu volátil. Neruda desde luego lo expresa mejor que estas burdas palabras.

La nombra entre otras muchas maravillas “baile inmóvil de anémona nevada”, y por un instante su naturaleza subterránea nos parece marina con lógica razón, pues se le convoca con urgencia entre los ingredientes de la sopa de mariscos y el ceviche. Cocida o cruda es imprescindible para los gustos exigentes.

Sazón de “alta cocina” y manjar de los pobres, no olvidemos que en medio del camino un Caballero Andante y su fiel escudero Sancho Panza compartieron pan y cebolla que este último guardaba en sus alforjas; aunque don Quijote prefirió el pan, pues era mesurado en cuestiones de “la oficina del estómago”. Pan y cebolla era el menú frugal en la mesa de la esposa e hijo de Miguel Hernández, mientras él moría en una celda escribiendo unas inolvidables nanas.

Capa por capa, la humilde cebolla cristalina inspiró una canción de los Beatles en “The White Album”. Jaime Sabines se propuso en vano dar con el verdadero fruto, pelando minuciosamente las delgadas e interminables cáscaras… pero se le fugó por algún sitio burlando sus dedos analíticos.

Han sido muchos homenajes para esa “redonda rosa de agua”, unos y otros muy justos y memorables. Pero entre todos ellos, el más impresionante ha de ser esta “Oda elemental”.

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