El Sediento

El Sediento

by Octavio Paz

Por buscarme, Poesía, en ti me busqué:
deshecha estrella de agua,
se anegó en mi ser.
Por buscarte, Poesía,
en mí naufragué.

Después sólo te buscaba
por huir de mí:
¡espesura de reflejos
en que me perdí!

Mas luego de tanta vuelta
otra vez me vi:
el mismo rostro anegado
en la misma desnudez;
las mismas aguas de espejo
en las que no he de beber;
y en el borde del espejo,
el mismo muerto de sed.

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Dentro de un sueño estaba emparedado.
Sus muros no tenían consistencia
ni peso: su varío era su peso.

Un quieto resplandor me inunda y ciega,
un deslumbrado círculo vacío,
porque a la misma luz su luz la niega.

Blanco el palacio,
blanco en el lago negro.
Lingam y yoni.

Torre de muros de ámbar,
solitario laurel en una plaza de piedra,
golfo imprevisto,

Pulida claridad de piedra diáfana,
lisa frente de estatua sin memoria:
cielo de invierno, espacio reflejado

Furiosamente
gira
sobre un reflejo

Sobre las superficies ciudadanas,
las deshojadas hojas de los días,
sobre los muros desollados, trazas

Tiemblan los intrincados jardines
juntan los árboles las frentes
cuchichean

Se mece aérea
se desliza
entre ramas troncos postes

Brindaban 1962

Rodeado de noche
follaje inmenso de rumores
grandes cortinas impalpables

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