El Sediento

El Sediento

por Octavio Paz

Por buscarme, Poesía, en ti me busqué:
deshecha estrella de agua,
se anegó en mi ser.
Por buscarte, Poesía,
en mí naufragué.

Después sólo te buscaba
por huir de mí:
¡espesura de reflejos
en que me perdí!

Mas luego de tanta vuelta
otra vez me vi:
el mismo rostro anegado
en la misma desnudez;
las mismas aguas de espejo
en las que no he de beber;
y en el borde del espejo,
el mismo muerto de sed.

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Misceláneas

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Terramuerta
terrisombra nopaltorio temezquible
lodosa cenipolva pedrósea

A Silvina Ocampo
¿Quién canta en las orillas del papel?
Inclinado, de pechos sobre el río

Sombras del día blanco
contra mis ojos. Yo no veo
nada sino lo blanco:

Nocturno 1931

Sombra, trémula sombra de las voces.
Arrastra el río negro mármoles ahogados.
¿Cómo decir del aire asesinado,

¿La ola no tiene forma?
En un instante se esculpe
y en otro se desmorona

A Juan José Arreola
Altos muros del agua, torres altas,
aguas de pronto negras contra nada,

A través de la noche urbana de piedra y sequía
entra el campo a mi cuarto.
Alarga brazos verdes con pulseras de pájaros,

Anoche un fresno
a punto de decirme
algo –callóse.

Juventud 1962

EL salto de la ola
más blanca
cada hora

Todo nos amenaza:
el tiempo, que en vivientes fragmentos divide
al que fui

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