El Sediento

El Sediento

por Octavio Paz

Por buscarme, Poesía, en ti me busqué:
deshecha estrella de agua,
se anegó en mi ser.
Por buscarte, Poesía,
en mí naufragué.

Después sólo te buscaba
por huir de mí:
¡espesura de reflejos
en que me perdí!

Mas luego de tanta vuelta
otra vez me vi:
el mismo rostro anegado
en la misma desnudez;
las mismas aguas de espejo
en las que no he de beber;
y en el borde del espejo,
el mismo muerto de sed.

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Misceláneas

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Fuente 1050

El mwdiodía alza en vilo al mundo.
Y las piedras donde el viento borra lo que a ciegas …
tiempo,

A Juan José Arreola
Altos muros del agua, torres altas,
aguas de pronto negras contra nada,

Si el hombre es polvo
esos que andan por el llano
son hombres

Virgen 1937

ELLA cierra los ojos y en su adentro
está desnuda y niña al pie del árbol.
Reposan a su sombra el tigre, el toro.

¿La ola no tiene forma?
En un instante se esculpe
y en otro se desmorona

Terramuerta
terrisombra nopaltorio temezquible
lodosa cenipolva pedrósea

Todo nos amenaza:
el tiempo, que en vivientes fragmentos divide
al que fui

Inmóvil en la luz, pero danzante,
tu movimiento a la quietud que cría
en la cima del vértigo se alía

Déjame, sí, déjame, dios o ángel, demonio.
Déjame a solas, turba angélica,
solo conmigo, con mi multitud.

Nombras el árbol, niña.
Y el árbol crece, lento y pleno,
anegando los aires,

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