El Sediento

El Sediento

por Octavio Paz

Por buscarme, Poesía, en ti me busqué:
deshecha estrella de agua,
se anegó en mi ser.
Por buscarte, Poesía,
en mí naufragué.

Después sólo te buscaba
por huir de mí:
¡espesura de reflejos
en que me perdí!

Mas luego de tanta vuelta
otra vez me vi:
el mismo rostro anegado
en la misma desnudez;
las mismas aguas de espejo
en las que no he de beber;
y en el borde del espejo,
el mismo muerto de sed.

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Misceláneas

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Cielos de fin de mundo. Son las cinco.
Sombras blancas: ¿son voces o son pájaros?
Contra mi sien, latidos de motores.

La luz sostiene -ingrávidos, reales-
el cerro blanco y las encinas negras,
el sendero que avanza,

Al vuelo 1976

NARANJA
Pequeño sol
quieto sobre la mesa,

UNA casa, un jardín,
no son lugares:
giran, van y vienen.

Regreso 1976

Bajo mis ojos te extendías,
país de dunas -ocres, claras.
El viento en busca de agua se detuvo,

¿Por qué tocas mi pecho nuevamente?
Llegas, silenciosa, secreta, armada,
tal los guerreros a una ciudad dormida;

¿Qué la sostiene, entreabierta
claridad anochecida,
luz por los jardines suelta?

Apremio 1958

CORRE y se demora en mi frente
lenta y se despeña en mi sangre
la hora pasa sin pasar

Óyeme como quien oye llover,
ni atenta ni distraída,
pasos leves, llovizna,

Sima
siembra una piedra
en el aire

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