Sigue, sigue blanca estrella,
Por el cielo en que naciste,
Sin dejar ninguna huella...
Siempre te hallaré más bella,
Siempre te hallaré más triste.
 
Hoy vengo con mi dolor,
Cual antes feliz venía;
Mas ya nunca, astro de amor,
Ceñirás con tu fulgor
Ni su frente ni la mía.
 
Tú cruzas por ese cielo,
Dando con tu luz la calma;
Yo cruzo, por este suelo,
Llevando en mi desconsuelo
Llena de sombras el alma.
 
Dame, dame tu luz bella;
Que en esta alma sin amor,
Tú sorprenderás estrella,
En cada nube una huella,
Y en cada huella un dolor.
 
Tú que has escuchado el canto
De mi primera pasión,
Acompaña mi quebranto,
Y alumbra el amargo llanto
que brota del corazón.
 
¡Horas del primer cariño!
tú las miraste lucir,
Cuando ante tu luz de armiño,
La niña en brazos del niño
Soñaba en el porvenir.
 
¡Dulce amor! ¡grata ciencia!
¡Blanca luz! ¡Delirio ardiente!
¿Por qué huyes de la existencia,
Cuando una dura experiencia
Va marchitando la frente?
 
¡Aquellos goces extraños,
Aquel esperar en Dios,
Sin recoger desengaños,
Aquel pasar de los años
Sin perturbar a los dos!
 
Todo, todo, blanca estrella,
Tu tibia luz alumbró;
¡Edad de sueños aquella,
Envidiable, dulce, bella,
Que para siempre huyó!
 
Celia, al expirar el día,
Por estos sitios vendrá,
Ya no como antes venía,
Que aquella alma que fue mía,
Pertenece a otra alma ya.
 
Antes ¡ay! ¡cuánto embeleso!
Sollozando de placer,
Dejaba en mi frente un beso;
Por eso, estrella; por eso
No quiero volverla a ver.
 
Ahora, dulce y cariñosa,
En otro sus ojos fijos,
Tendrá su boca amorosa
La majestad de la esposa
Para besar a sus hijos.
 
Con tus rayos blanquecinos
Alumbra siempre su hogar;
Aparta nuestros caminos,
Y ¡ay! que sus ojos divinos
No aprendan nunca a llorar.
 
Si sigues, tú, blanca estrella,
Por el cielo en que naciste,
Sin dejar ninguna huella...
Siempre te hallaré más bella,
Siempre me verás mas triste.

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Alfredo Jiménez G.
más de 1 año

El Cantor del Hogar confía a una estrella sus penas en dolorosas y conmovedoras quintillas. Su luminosa confidente no es cualquier lucero del firmamento, se trata de aquella que iluminó como farola sus noches dichosas y que ahora lo mira deambular en soledad por la tierra, desde su trayectoria celeste.

Sin duda este poema fue escrito por Peza en fechas muy recientes al infortunio que marcaría su vida para siempre: Su esposa lo abandonó por otro, dejando también con él, sin el menor remordimiento, a los dos hijos que habían procreado (un niño y una niña), que se volverán famosos a nivel mundial por ser los protagonistas de sus poemas en el célebre libro "Los cantos del hogar", traducido a muchos idiomas y reimpreso sin descanso hasta nuestros días a más de cien años de haber sido escrito ¿Quién no recuerda el poema "Fusiles y muñecas" que pertenece a ese volumen entrañable? El Poeta prodigó en sus hijos todo el amor y dedicación, siendo padre y madre para ellos. Los hizo felices e inmortales, como lo es él.

Destaca un dato curioso en el poema "Confidencias a una estrella", el nombre de la mujer ingrata y mala madre. Pero esto no debe tomarse cono un inmaduro acto de despecho por parte del autor, quien siempre dio muestras de ser un hombre justo, tanto en su vida personal como en su obra. Celia es, al parecer, sólo un nombre figurado, pues quien esto apunta (servidor de ustedes), recuerda que su nombre verdadero era Inés, pero no ha podido comprobarlo en su desorganizados archivos, sólo confía en su falible memoria. De cualquier forma, si Juan de Dios Peza no quiso tomar "venganza de Poeta", el redactor de estas notas ha pecado de indiscreto.

Sara Choqueticlla Cespedes
más de 2 años

Que bello poema

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