Paraíso perdido

Paraíso perdido

by Rafael Alberti

A través de los siglos,
por la nada del mundo,
yo, sin sueño, buscándote.

Tras de mí, imperceptible,
sin rozarme los hombros,
mi ángel muerto, vigía.
.
¿Adónde el Paraíso,
sombra, tú que has estado?
Pregunta con silencio.

Ciudades sin respuesta,
ríos sin habla, cumbres
sin ecos, mares mudos.

Nadie lo sabe. Hombres
fijos, de pie, a la orilla
parada de las tumbas,

me ignoran. Aves tristes,
cantos petrificados
en éxtasis el rumbo,

ciegas. No saben nada.
Sin sol, vientos antiguos,
inertes, en las leguas
por, andar, levantándose
calcinados, cayéndose
de espaldas, Poco dicen.

Diluidos, sin forma
la verdad que en sí ocultan,
huyen de mí los cielos.

Ya en el fin de la Tierra,
sobre el último filo,
resbalando los ojos,
muerta en mí la esperanza,
ese pórtico verde
busco en las negras simas.

¡Oh boquete de sombras!
¡Hervidero del mundo!
¡Qué Confusión de siglos!

¡Atrás, atrás! ¡Qué espanto
de tinieblas sin voces!
¡Qué Perdida mi alma!

-Ángel muerto, despierta.
¿Dónde estás? Ilumina
con tu rayo el retorno.

Silencio. Más silencio.
Inmóviles los pulsos
del sinfín de la noche.

¡Paraíso perdido!
Perdido por buscarte,
yo, sin luz para siempre.

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Cuando mi madre llevaba un sorbete de fresa por som …
y el humo de los barcos aun era humo de habanero.
Mulata vuelta bajera.

Zumbó el lamento del mar
cuando me habló por teléfono.
Yo, en la llanura. !Qué lejos

Nos dicen: Sed alegres.
Que no escuchen los hombres rodar en vuestros canto …
ni el más leve ruido de una lágrima.

«Pálida Sajonia fina,
labrada de filigrana.
Hoy cubre la nieve alpina

....Y ya estarán los esteros
rezumando azul de mar.
¡Dejadme ser, salineros, granito del salinar!

Porque al fin te perdieron fuegos tristes
y humos lentos velaron
velaron el castillo, nívea cárcel.

Por allí, hondo, una humedad ardiente;
blando, un calor oscuro el que allí hervía;
sofocado anhelar el que se hundía,

A veces, amor mío, soy tu ángel de sombra.
Me levanto de no sé qué guaridas,
fulmíneo, entre los dientes

Al color A ti, sonoro, puro, quieto, blando,
incalculable al mar de la paleta,
por quien la neta luz, la sombra neta

Amor, deja que me vaya,
déjame morir, amor.
Tú eres el mar y la playa.

Luna mía de ayer, hoy de mi olvido,
ven esta noche a mí, baja a la tierra,
y en vez de ser hoy luna de la guerra,

A ti, divina, corporal, preciosa,
por quien el aura impereceptible orea
el suspendido seno de recrea

Hoy las nubes me trajeron,
volando, el mapa de España,
¡Qué pequeño sobre el río,

¡Nunca! No lo diré. Más si lo digo,
no culpéis a mi lengua, sí al tormento
que irresponsabiliza al pensamiento

¡Amor!, gritó el loro
(Nadie le contestó de un chopo al otro).
¡Amor, amor mío!

Llevaba un seno al aire, y en las manos
-nieve roja- una crespa clavelina.
Era honor de la estirpe gongorina

Estos rumores...
Estos rumores, estos
leves susurros conocidos

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