La oscuridad engendra la violencia
y la violencia pide oscuridad
para cuajar el crimen.
 
Por eso el dos de octubre aguardó hasta la noche
para que nadie viera la mano que empuñaba
el arma, sino sólo su efecto de relámpago.
 
Y a esa luz, breve y lívida, ¿quién? ¿Quién es el que mata?
¿Quiénes los que agonizan, los que mueren?
¿Los que huyen sin zapatos?
¿Los que van a caer en el pozo de una cárcel?
¿Los que se pudren en el hospital?
¿Los que se quedan mudos, para siempre, de espanto?
 
¿Quién? ¿Quiénes? Nadie. Al día siguiente, nadie.
 
La plaza amaneció barrida; los periódicos
dieron como noticia principal
el estado del tiempo.
Y en la televisión, en la radio y el cine
no hubo ningún cambio de programa,
ningún anuncio intercalado ni un
minuto de silencio en el banquete.
(Pues prosiguió el banquete.)
 
No busques lo que no hay: huellas, cadáveres,
que todo se le ha dado como ofrenda a una diosa:
a la Devoradora de Excrementos*.
 
No hurgues en los archivos pues nada consta en actas.
 
Ay, la violencia pide oscuridad
porque la oscuridad engendra sueño
y podemos dormir soñando que soñamos.
 
Mas he aquí que toco una llaga: es mi memoria.
Duele, luego es verdad. Sangra con sangre.
Y si la llamo mía traiciono a todos.
 
Recuerdo, recordamos.
 
Esta es nuestra manera de ayudar a que amanezca
sobre tantas conciencias mancilladas,
sobre un texto iracundo, sobre una reja abierta,
sobre el rostro amparado tras la máscara.
 
Recuerdo, recordemos
hasta que la justicia se siente entre nosotros.

*Aquí se refiere a la diosa Tlazoltéotl, la devoradora de excrementos, quien en la cosmogonía mexica, equivalía al que escucha en confesión los pecados del que está en artículo de muerte en la fe católica. (Nota del editor).
Este poema se publicó en el libro "En la tierra de enmedio".

Matanza de estudiantes, 2 de octubre 1968, Tlatelolco, México.

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Irene Adler
más de 1 año

Mas he aquí que toco una llaga: es mi memoria.
Duele, luego es verdad. Sangra con sangre.
Y si la llamo mía traiciono a todos.

***
Amé estos tres versos.

Alfredo Jiménez G.
alrededor de 2 años

En vísperas de la celebración de los juegos olímpicos 1968 en la Ciudad de México, los jóvenes tomaban las calles y se expresaban con valor. Corrían vientos revolucionarios por el mundo. A diez días de la inauguración olímpica, con los ojos del mundo mirando a México, el 2 de octubre fue sofocado el movimiento estudiantil de modo brutal con una matanza de jóvenes en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco que por su ubicación geográfica resultó ser una emboscada para los manifestantes desarmados.

Nunca sabremos el número total de víctimas. Soldados, policías y el llamado "batallón olimpia" dispararon cobardemente contra los estudiantes. Al día siguiente, jueves 3 de octubre de 1968, el país amaneció como si nada hubiera ocurrido y, tal lo dice el presente poema, los periódicos tenían como noticia principal "el estado del tiempo"; si alguien lo duda, puede acudir a las hemerotecas. El presidente gustavo diaz ordaz (minúsculas deliberadas) será recordado por siempre como represor y ASESINO DE LA JUVENTUD por el Juicio de la Historia.

La Poeta Rosario Castellanos, con valerosa y ejemplar actitud escribió el "Memorial de Tlatelolco" en momentos en que muchos de sus colegas prefirieron callar. Otros escritores valientes que denunciaron los hechos fueron Octavio Paz, Jaime Sabines, Elena Poniatowska y José Revueltas que estuvo preso en Lecumberri por su participación en el Movimiento Estudiantil del que se autoacusó de ser el único organizador... "recuerdo, recordamos". Que el mundo tenga presente este crimen de estado que se repite aún en San Cosme, Ayotzinapa y tantos lugares de México... "recuerdo, recordamos hasta que la justicia se siente entre nosotros".

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