Vivo sin vivir en mí,
y tan alta vida espero,
que muero porque no muero.
 
Vivo ya fuera de mí,
después que muero de amor;
porque vivo en el Señor,
que me quiso para sí:
cuando el corazón le di
puso en él este letrero,
que muero porque no muero.
 
Esta divina prisión,
del amor en que yo vivo,
ha hecho a Dios mi cautivo,
y libre mi corazón;
y causa en mí tal pasión
ver a Dios mi prisionero,
que muero porque no muero.
 
¡Ay, qué larga es esta vida!
¡Qué duros estos destierros,
esta cárcel, estos hierros
en que el alma está metida!
Sólo esperar la salida
me causa dolor tan fiero,
que muero porque no muero.
 
¡Ay, qué vida tan amarga
do no se goza el Señor!
Porque si es dulce el amor,
no lo es la esperanza larga:
quíteme Dios esta carga,
más pesada que el acero,
que muero porque no muero.
 
Sólo con la confianza
vivo de que he de morir,
porque muriendo el vivir
me asegura mi esperanza;
muerte do el vivir se alcanza,
no te tardes, que te espero,
que muero porque no muero.
 
Mira que el amor es fuerte;
vida, no me seas molesta,
mira que sólo me resta,
para ganarte perderte.
Venga ya la dulce muerte,
el morir venga ligero
que muero porque no muero.
 
Aquella vida de arriba,
que es la vida verdadera,
hasta que esta vida muera,
no se goza estando viva:
muerte, no me seas esquiva;
viva muriendo primero,
que muero porque no muero.
 
Vida, ¿qué puedo yo darle
a mi Dios que vive en mí,
si no es el perderte a ti,
para merecer ganarle?
Quiero muriendo alcanzarle,
pues tanto a mi Amado quiero,
que muero porque no muero.

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Alfredo Jiménez G.
casi 3 años

Teresa de Cepeda y Ahumada, Teresa de Ávila o Santa Teresa de Jesús, manifiesta su enorme amor a Dios en esta glosa inmortal, llena de fervor y Poesía. Desdeña los encantos de la vida material anhelando con toda su alma el momento incomparable de reunirse con el Señor para comenzar la verdadera vida.

Fue una ardua espera, sesenta y siete años que entregó a su misión mística y a sus Fundaciones. Hasta que el 4 de octubre de 1582, culmina su existencia terrenal, imagino que llena de gozo y plenitud.

La profunda belleza del poema se fundamenta en una paradoja muy bien construida y expresada con acierto y creatividad en cada estrofa: "Muero porque no muero", se reitera con muy bellos juegos de palabras.

Muerta en la vida, privada de Dios, sólo nacerá en el momento de morir; la espera la mata pues estar viva es un estado que le impide vivir. La Ley es muy clara, le está prohibida cualquier acción de acelerar su muerte; sólo la voluntar del Creador determinará el momento de liberar su alma de "estos destierros, esta cárcel, estos hierros".

Hay momentos en el poema desesperados en "la esperanza larga", ansia de morir para vivir, motivada por una fe inquebrantable y el más genuino y sublime de los amores.

Es un poema reflexivo... y una plegaria conmovedora.

Maria Gladys Veléz
Maria Gladys Veléz
más de 1 año

@Alfredo: Excelente tu comentario.

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