Los mayores me dicen que nací en La Habana a finales de diciembre justo el día que había pronosticado el doctor, y que me mudaron a Camagüey en mi día cuarenta y cinco. Todo parece ser cierto porque mucha gente lo confirma, pero no me consta. A mí, que vivo en este cuerpo hecho de “cosas” en el que muero cada noche para renacer (me dicen los relojes) varias horas después. Y así, convencido de que poco entiendo, unas veces me dejo llevar por el azar y otras trato inútilmente de escoger mi destino... ¡Tanto pensar y tanto esfuerzo para siempre acabar perdido en el divino Laberinto de los efectos y de las causas!