La renuncia

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La renuncia

by Andrés Eloy Blanco Meaño

He renunciado a ti. No era posible.
Fueron vapores de la fantasía;
son ficciones que a veces dan a lo inaccesible
una proximidad de lejanía.

Yo me quedé mirando cómo el río se iba
poniendo encinta de la estrella...
Hundí mis manos locas hacia ella
y supe que la estrella estaba arriba...

He renunciado a ti, serenamente,
como renuncia a Dios el delincuente;
he renunciado a ti como el mendigo
que no se deja ver del viejo amigo;
como el que ve partir grandes navíos
con rumbos hacia imposibles y ansiados continentes;
como el perro que apaga sus amorosos bríos
cuando hay un perro grande que le enseña los dientes;
como el marino que renuncia al puerto
y el buque errante que renuncia al faro
y como el ciego junto al libro abierto
y el niño pobre ante el juguete caro.

He renunciado a ti, como renuncia
el loco a la palabra que su boca pronuncia;
como esos granujillas otoñales,
con los ojos extáticos y las manos vacías,
que empañan su renuncia, soplando los cristales
en los escaparates de las confiterías...
He renunciado a ti, y a cada instante
renunciamos un poco de lo que antes quisimos
y al final, cuántas veces el anhelo menguante
pide un pedazo de lo que antes fuimos!

Yo voy hacia mi propio nivel. Ya estoy tranquilo.
Cuando renuncie a todo, seré mi propio dueño;
desbaratando encajes regresaré hasta el hilo.
La renuncia es el viaje de regreso del sueño...

 

 

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Miscellany


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Dijo el hombre a la Hilandera:
a la puerta de su casa:
—Hilandera, estoy cansado,

¡Ah mundo! La negra Juana,
¡la mano que le pasó!
Se le murió su negrito,

Me muero por preguntarte
si es igual o es diferente
querer y amar, y si es cierto

Ciudadano venezolano,
Casiquiare es la mano abierta del Orinoco
y el Orinoco es el alma de Venezuela,

Cuando tú te quedes muda,
cuando yo me quede ciego,
nos quedarán las manos

¿Es una nube? ¿Es un punto vacío
en el azul...? No. amigo mío,
en un bando de garzas... Son las novias del Río...

Alacrán de orilla.
comadre de orillera,
oculta, como una mala intención,

He renunciado a ti. No era posible.
Fueron vapores de la fantasía;
son ficciones que a veces dan a lo inaccesible

Desde el árbol más alto, donde se toca el cielo,
colgado de la cola al pico de una estrella,
con las manos tendidas, nos saluda el Abuelo.

Bólido entre dos aguas, gota de tempestad,
gato de agua -el alma de algún gato hundido-
o más bien un rayo que cayó una noche

La diezmillonésima parte
de un tiburón
multiplicada diez millones de veces.

Violento de armonía, en el tono de la resaca,
llega el coro de las siete provincias,
siete rostros adolescentes

Es el Capitán del Río;
viejo zorro dormilón, viejo Neptuno,
con ese dolor de eternidad

La última noche que pasamos juntos,
lo preguntó:
-¿Cuántas estrellas tiene el cielo?

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